Brasil hace lo opuesto a prohibir redes a menores y todos deberían copiarlo
El debate sobre cómo proteger a los menores en las redes sociales ha generado dos enfoques claramente distintos en el escenario global: por un lado, la prohibición del acceso a estas plataformas; por otro, la regulación del diseño de los servicios digitales para hacerlos más seguros. Mientras países como Australia, Francia y España avanzan en restricciones de uso según la edad, Brasil ha optado por un camino diferente: exigir a las plataformas que modifiquen sus funcionalidades para reducir su potencial adictivo, especialmente entre los usuarios más jóvenes.

Brasil apuesta por regulaciones de diseño, no de acceso
Desde marzo de 2026, Brasil se convirtió en el primer país de América Latina en implementar una normativa que prohíbe explícitamente funciones como el *scroll* infinito y la reproducción automática de videos en redes sociales para menores de edad. Esta medida forma parte de un marco regulatorio inspirado en enfoques de la Unión Europea, que busca trasladar la responsabilidad de la protección digital desde los usuarios hacia las empresas tecnológicas.
En lugar de bloquear el acceso, la legislación brasileña obliga a las plataformas a incorporar mecanismos de privacidad y seguridad por defecto, verificar la edad de forma auditada, clasificar contenidos según rangos etarios y ajustar sus algoritmos para evitar la promoción de características consideradas potencialmente adictivas. Entre ellas se encuentran las notificaciones constantes, las recompensas automatizadas y las recomendaciones personalizadas que fomentan largos periodos de uso.
Un modelo preventivo frente a uno restrictivo

- El enfoque brasileño prioriza la intervención en el diseño de las plataformas, en lugar de limitar el acceso de los menores.
- Se basa en evidencia de que ciertas funcionalidades están intencionadamente diseñadas para maximizar el tiempo de permanencia.
- Fomenta que las empresas asuman responsabilidad activa en la protección de usuarios vulnerables.
- Evita riesgos asociados a la verificación de edad masiva, que podría comprometer la privacidad de todos los usuarios.
María Billo, asesora de políticas del Future of Privacy Forum, señala que regular el entorno digital desde el diseño es una estrategia más sostenible: “Al final, se da a las empresas la oportunidad de alinearse con derechos fundamentales sin tener que cerrar mercados enteros. Las *big tech* prefieren innovar y cumplir que enfrentar prohibiciones totales”.
Esta postura contrasta con iniciativas como la de Australia, que prohibió el uso de redes sociales a menores de 16 años, o con esfuerzos en España y México donde gobiernos regionales exploran restricciones similares. Críticos de estos modelos advierten que carecen de mecanismos efectivos para verificar la edad sin exponer datos sensibles, además de que podrían empujar a los jóvenes hacia plataformas menos seguras o no reguladas.
La ciencia aún no define el daño
A pesar del creciente impulso regulatorio, la comunidad científica aún no ha alcanzado un consenso claro sobre el impacto directo de las redes sociales en la salud mental de los menores. Mientras el ex cirujano general de Estados Unidos, Vivek Murthy, alertó sobre riesgos como trastornos del sueño y problemas de socialización, la Asociación Americana de Psicología sostiene que el uso de estas plataformas “no es inherentemente dañino ni beneficioso”, y aboga por más investigación.
Este vacío de evidencia complica la creación de estándares claros, especialmente al definir conceptos como “riesgo significativo” o “daño psicosocial”. No obstante, el argumento central detrás de regulaciones como la de Brasil es que, si ciertas características son adictivas para los menores, también lo son para los adultos. Por tanto, su modificación beneficiaría a toda la sociedad.
Como señala Billo, “si una plataforma es altamente adictiva, ese problema no debería corregirse solo por protección infantil, sino porque afecta el bienestar colectivo”. En este sentido, Brasil no prohíbe, pero exige: un paso distinto, pero con el mismo propósito.
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