Descubre el hábito diario que puede prevenir la demencia
Un extenso estudio científico ha revelado que el consumo diario de café o té con cafeína se asocia con una reducción significativa del riesgo de desarrollar demencia. La investigación, realizada por expertos del Mass General Brigham, la Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y el Instituto Broad, analizó datos de más de 130,000 participantes durante un periodo de hasta 43 años, lo que la convierte en una de las más completas sobre el tema.

Beneficios cognitivos del café y el té
Los resultados mostraron que las personas que consumían entre dos y tres tazas de café con cafeína al día tenían un 18% menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes rara vez bebían café. Asimismo, quienes tomaban una o dos tazas diarias de té —principalmente té negro— presentaban patrones similares de protección cognitiva. Estos grupos también reportaron menor deterioro cognitivo subjetivo y obtuvieron mejores resultados en pruebas objetivas de función cerebral.
El estudio se basó en dos grandes cohortes: el Nurses’ Health Study (NHS) y el Health Professionals Follow-Up Study (HPFS), en los que se evaluó de forma periódica la dieta, el estado cognitivo y el diagnóstico de demencia. Durante el seguimiento, 11,033 participantes desarrollaron demencia, lo que permitió a los investigadores establecer asociaciones sólidas entre los hábitos de consumo y la salud cerebral a largo plazo.
¿Qué componentes son clave?

- Cafeína: La ausencia de beneficios significativos con el café descafeinado sugiere que la cafeína podría desempeñar un papel central en la protección contra el deterioro cognitivo.
- Polifenoles: Compuestos presentes tanto en el café como en el té que tienen propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, posiblemente contribuyendo a la salud neuronal.
Aunque los mecanismos exactos aún no están completamente claros, los investigadores consideran que la combinación de estos componentes podría ayudar a reducir la inflamación cerebral y prevenir el daño celular asociado al envejecimiento cognitivo.
Un hallazgo relevante es que los efectos protectores se observaron de forma consistente tanto en personas con alto como con bajo riesgo genético de demencia. Esto indica que el hábito de beber café o té podría beneficiar a una amplia gama de individuos, independientemente de su predisposición genética.
Los expertos recalcan que, si bien la prevención de la demencia requiere un enfoque integral que incluya ejercicio físico, una dieta equilibrada y relaciones sociales activas, pequeños hábitos diarios como tomar una taza de café por la mañana o un té después de las comidas pueden tener un impacto positivo acumulativo en la salud del cerebro a lo largo del tiempo.
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