Este reto viral en TikTok China te dejará sin aliento y no es lo que crees
Una preocupante tendencia se ha extendido rápidamente en TikTok entre usuarios jóvenes de China: el reto de “comer sin tragar”. En los videos que circulan en la plataforma, las personas introducen alimentos en su boca envueltos en una fina capa de plástico transparente, los mastican y luego los escupen sin tragarlos. El objetivo declarado es simular una comida completa sin ingerir calorías, en un intento por “engañar” al cerebro y sentir saciedad. Sin embargo, expertos en salud mental advierten que esta práctica no solo carece de fundamento científico, sino que puede tener graves consecuencias físicas y psicológicas.
Una ilusión peligrosa
Detrás de este comportamiento no se trata simplemente de una moda efímera, sino de un reflejo de una relación cada vez más distorsionada con la comida y el control corporal. Según el doctor Claudio Calzi, psicólogo y especialista en trastornos alimentarios, este fenómeno representa una ruptura entre el acto de comer y su significado emocional y fisiológico: “Se crea una barrera artificial entre la comida y el placer de comer. No se consume ni el alimento ni el disfrute, solo el gesto vacío de masticar”.
Este mecanismo, aunque no necesariamente indica un diagnóstico clínico de trastorno alimentario, sigue dinámicas propias de estos padecimientos. En lugar de comer y luego compensar (como en la bulimia), aquí la compensación ocurre al mismo tiempo: se simula la ingesta y se anula inmediatamente. Es una forma extrema de negar una necesidad básica como el hambre, ejerciendo un control casi paradojal sobre el cuerpo.
¿Funciona realmente “engañar” al cerebro?

- El cuerpo no se engaña: aunque la mente pueda creer que ha comido, el estómago y el sistema digestivo detectan la ausencia de nutrientes.
- La masticación activa procesos metabólicos como la secreción de ácidos gástricos, lo que, en ausencia de alimento, puede generar malestar gastrointestinal.
- El uso de plástico para envolver la comida introduce el riesgo de ingerir microplásticos, añadiendo un peligro físico adicional a la práctica.
Calzi enfatiza que esta ilusión mental puede volverse especialmente peligrosa en personas ya vulnerables, especialmente aquellas con antecedentes de ansiedad alimentaria, miedo al aumento de peso o trastornos de la imagen corporal. “No se trata solo de no comer, sino de simular que se come. Es un acto de autonegación que va más allá de la dieta”.
La lógica de las redes sociales —basada en la repetición, la imitación y la visibilidad— impulsa este tipo de retos. Sin embargo, su difusión no afecta a todos por igual. “La viralidad tiende a alcanzar principalmente a quienes ya son sensibles al tema: personas con miedo a engordar, obsesión por las calorías o una necesidad extrema de control”, señala el especialista.
Lo que en apariencia podría parecer una simple broma o truco dietético revela, en realidad, una tensión creciente en torno a las necesidades básicas del cuerpo. La comida, en lugar de ser una fuente de nutrición y placer, se convierte en un campo de batalla donde se negocian ansiedades, control y autoimagen.
Este fenómeno, aunque circunscrito por ahora a ciertos círculos digitales, es un llamado de atención sobre cómo las plataformas pueden amplificar comportamientos riesgosos y normalizar prácticas que, detrás de su aparente inocencia, esconden complejas problemáticas de salud mental.
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