6 meses escondidos del ICE por esta advertencia

Una familia de inmigrantes en Chicago ha vivido los últimos seis meses encerrada en su apartamento, aterrorizada por las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Lo que antes era una vida de esperanza tras llegar a Estados Unidos en busca de estabilidad y un futuro mejor, se ha convertido en una existencia marcada por el miedo, la parálisis y la incertidumbre constante. Ava y Sam —nombres ficticios para proteger su identidad—, junto con sus dos hijos, han tenido que renunciar a casi todo contacto con el mundo exterior desde que comenzaron las operaciones del ICE en su barrio a finales del otoño de 2025.

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Una vida en alerta permanente

El temor se hizo tangible para ellos el 31 de octubre, cuando una vecina les advirtió en la calle que vehículos del ICE estaban operando a una cuadra de distancia. "¡Al suelo, nos van a ver!", fue la advertencia que cambió todo. Desde entonces, la familia dejó de salir. Sam, quien trabaja en la construcción, ahora va y regresa en bicicleta incluso con temperaturas bajo cero para minimizar el tiempo que pasa a la vista. Ava, que antes trabajaba limpiando casas, ya no puede ejercer su labor por temor a ser detenida. Incluso sacar la basura se convirtió en un riesgo inasumible.

El barrio, tradicionalmente vibrante y acogedor para la comunidad hispanohablante, ahora parece desierto. Las persianas permanecen bajas la mayor parte del tiempo. En su apartamento, las habitaciones están divididas por una sábana colgada del techo, y las festividades navideñas se celebraron con guirnaldas en las ventanas, pero sin salidas, sin visitas y sin la tranquilidad de saber que podrían volver a ver a sus seres queridos si alguno fuera detenido.

Un viaje lleno de sacrificios

  • Sam llegó a Estados Unidos en 2022 tras un peligroso viaje a pie que le costó 12.000 dólares, pagados con deudas a familiares.
  • Durante su separación, su hija pequeña lloraba cada noche al buscar su barba; su hijo mayor lloró en la escuela al ver a otro padre recoger a su amigo en motocicleta.
  • Ava cruzó la frontera después, tras obtener una entrevista para el Estatus de Protección Temporal (TPS), un proceso que les permitió reunirse en Chicago.

La ciudad, fría pero hermosa, al principio les pareció prometedora. Pasearon junto al lago, visitaron el icónico "The Bean" y comenzaron a adaptarse. Su hija, diagnosticada con una condición del desarrollo, encontró atención especializada. Estaban construyendo una vida. Hasta que todo cambió.

El miedo invade lo cotidiano

Desde septiembre de 2025, el ICE ha intensificado sus operaciones en Chicago con tácticas que muchos describen como teatrales y arbitrarias. Agentes descendieron en helicóptero sobre un edificio del South Side, derribaron puertas y arrestaron a 37 personas en medio de la noche. Otros fueron detenidos en guarderías, supermercados y calles comunes. En noviembre, un cocinero mexicano sin antecedentes penales fue baleado y asesinado tras intentar huir en su vehículo.

Puntos Clave
  • Familia de inmigrantes en Chicago vive encerrada durante seis meses por temor a redadas del ICE
  • Una advertencia de una vecina sobre vehículos del ICE desencadenó su aislamiento total
  • Han suspendido trabajos y actividades diarias para evitar ser detectados, incluso con temperaturas bajo cero
  • El barrio hispanohablante, antes vibrante, ahora muestra miedo colectivo con persianas cerradas y ausencia de vida callejera

La tecnología de vigilancia del ICE ha crecido exponencialmente: uso de reconocimiento facial, lectores de placas, acceso no autorizado a teléfonos móviles mediante software espía como Graphite, y el sistema ELITE de Palantir, que cruza datos de múltiples fuentes gubernamentales para rastrear a inmigrantes. Sin embargo, muchas redadas parecen improvisadas, confirmando a los críticos que la agencia actúa más con impacto psicológico que con precisión operativa.

Consecuencias físicas y emocionales

El estrés constante tuvo un efecto directo en la salud de Ava. Tras semanas de ansiedad, despertó con el brazo derecho entumecido y la mitad del rostro paralizada. Durante semanas, sufrió una parálisis parcial del lado derecho del cuerpo. Sam, aunque preocupado, intentó mantener la calma. "Mi método es tranquilizarla, decirle que se va a recuperar", contó. Poco a poco, Ava recuperó la movilidad.

Sam también sufrió una emergencia médica: un fragmento de plástico se le incrustó en el ojo mientras trabajaba. Temiendo una redada, se negó a ir al hospital durante dos días. Finalmente acudió, pero el costo de la atención —sin seguro médico— generó una nueva fuente de angustia económica.

La lucha por sobrevivir

Con Ava sin ingresos, la familia comenzó a sufrir presión financiera. Sam acortó su hora de almuerzo para ganar un poco más. Ava, consciente de que no pueden seguir así, dejó currículos escritos a mano en tiendas locales, a pesar del riesgo. "Tengo miedo, pero tenemos necesidades básicas", dijo.

Prepararon un plan de emergencia: llenaron documentos con contactos familiares en México, aprendieron en talleres virtuales que no deben abrir la puerta sin una orden judicial y que deben pedir que se deje la orden en la ventana. Saben que si uno de ellos es detenido, el otro debe quedarse con los niños. Han ensayado cómo actuar si los interceptan en la calle: permanecer en silencio, no entregar documentos y pedir un abogado.

El hijo mayor, de ocho años, ha comenzado a tener pesadillas. Una noche, se levantó sonámbulo, corrió a la cocina y gritó: "¡Agáchense! ¡Agáchense! ¡Nos van a ver!". El trauma, ya no es solo de los adultos.

A pesar de todo, dentro de las cuatro paredes de su hogar, hay momentos de normalidad. Cada mañana, desayunan juntos. Sam acompaña a su hijo a la escuela. Luego, aprovechan unas pocas horas de tranquilidad antes de que él regrese al trabajo. En esos instantes, juegan, ríen, dibujan. "Cuando estamos en casa, todo es alegría", dice Ava. Pero saben que el mundo afuera sigue ahí, vigilante, impredecible. Y que el ICE, aunque parezca ausente, sigue estando presente.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

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