Cada vez que este equipo marca un gol, una ciudad entera tiembla (literalmente)
Durante la noche del 22 al 23 de junio la ciudad noruega de Bergen “tembló”, pero no por un terremoto ni por ningún fenómeno geológico inesperado. El movimiento del suelo se debió a la euforia de los aficionados cuando la selección nacional marcó un gol en el Mundial de Fútbol 2026, demostrando que la pasión deportiva puede ser detectada por instrumentos científicos diseñados para estudiar la Tierra.
Un sismómetro que capta la alegría de los hinchas
En el sótano del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Bergen, situada en el centro de la ciudad, está instalado un sismómetro de alta precisión capaz de registrar vibraciones del terreno con una resolución de una millonésima de milímetro. Aunque este aparato se emplea habitualmente para medir ondas sísmicas producidas por terremotos, durante los partidos de la selección noruega comenzó a registrar señales anómalas.
Los investigadores Mathilde Sørensen y Lars Ottemöller observaron que el sismómetro mostró un pico notable de actividad durante el encuentro contra Irak, el 17 de junio, justo cuando el delantero Erling Haaland anotó su gol. Días después, en la noche del 22 al 23 de junio, la misma reacción se repitió durante la victoria de Noruega por 3‑2 contra Senegal, cuando otro gol provocó vibraciones claramente identificables en los datos recogidos.
Según explican los científicos, la sincronización de saltos, gritos y aplaudos de miles de personas genera una cantidad significativa de energía mecánica que se propaga a través de los edificios y el suelo. Ese impulso colectivo se vuelve, por tanto, medible con equipos sensibles. “Este fenómeno muestra que Bergen es una ciudad dinámica y llena de energía. ¡Ánimo, Bergen, y ánimo, Noruega!”, señalaron Sørensen y Ottemöller.
Este no es el primer caso en que eventos masivos como partidos de fútbol, conciertos o manifestaciones quedan registrados por instrumentos sísmicos. El hallazgo refuerza la idea de que nuestras actividades cotidianas pueden dejar una huella detectable en la geología urbana, ofreciendo una perspectiva novedosa sobre la interacción entre la cultura popular y la ciencia de la Tierra.
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