Las fotos más bellas tomadas por la tripulación de Artemis II en el lado oculto de la Luna
El 9 de abril de 2026 la NASA publicó una serie de imágenes capturadas durante el sobrevuelo lunar de la misión Artemis II, la primera misión tripulada que rodeó el satélite natural de la Tierra. En tan solo ocho días –cuatro de ida, cuatro de regreso y una hora de permanencia sobre la cara oculta– la tripulación de Orion logró obtener datos geológicos y fenómenos ópticos nunca antes vistos.

Descubrimientos y tomas más destacadas
Desde la ventana “ojo de buey” de la cápsula, los cuatro astronautas observaron la Tierra como una esfera azul que se ocultaba tras el borde lunar. En primer plano se distinguía el cráter Ohm, cuya estructura en terrazas y picos centrales revela la dinámica de los impactos: el suelo, licuado por la energía del choque, rebota antes de solidificarse.
Durante el tránsito, la tripulación registró un eclipse solar total de 54 minutos. La posición de Orion permitió observar un halo luminoso alrededor del disco lunar, cuyo origen sigue siendo debatido por la comunidad científica; algunas hipótesis apuntan a la corona solar, la luz zodiacal o una combinación de ambas. La cara lunar orientada a la Tierra mostró una tenue iluminación proveniente de la “luz cenicienta”, el reflejo solar de nuestro planeta.
Al concluir el eclipse, el Sol reapareció por el borde lunar. En la fase de oscuridad los astronautas reportaron seis breves destellos de impacto, causados por meteoroides que golpean la superficie a velocidades hipersónicas. La ausencia de atmósfera convierte a la Luna en un laboratorio ideal para estudiar estos fenómenos, en los que la energía del impacto se transforma instantáneamente en luz.
El sexto día de la misión se capturó el terminador lunar, la línea que separa la zona iluminada de la sombra. La luz rasante resaltó la orografía de cráteres como Jule, Birkhoff y Stebbins, facilitando la cartografía de la profundidad y rugosidad de formaciones geológicas muy antiguas.
Entre las vistas más impactantes se encuentran las cuencas de impacto Orientale y Hertzsprung. Orientale, una de las estructuras mejor conservadas, muestra escombros que han excavado numerosos cráteres secundarios. Hertzsprung, con sus dos anillos concéntricos interrumpidos por el cráter Vavilov, permite establecer la cronología relativa de los impactos en esa región.
Una toma realizada con una distancia focal de 400 mm aisló el cráter Vavilov, revelando la transición entre los materiales lisos del interior del anillo montañoso y el terreno más accidentado del exterior. La nitidez de las sombras brinda información sobre la profundidad de las estructuras y cómo los impactos han remodelado la corteza lunar en una de las zonas más complejas de la cara oculta.
La cuenca Orientale también apareció bajo el nombre de “el ojo de la Luna”, destacando su arquitectura multianular. Al ser una de las cuencas más jóvenes, constituye un modelo esencial para estudiar los cráteres multianulares del Sistema Solar, permitiendo analizar las formaciones montañosas concéntricas generadas por ondas de choque primordiales.
En una imagen adicional, la tripulación propuso nuevos nombres para dos pequeños cráteres: Integrity y Carroll. El cráter Carroll, de 5,6 km de diámetro, fue nombrado en honor a la fallecida esposa del comandante Reid Wiseman y podría servir como referencia para telescopios terrestres, facilitando la coordinación entre observaciones desde el espacio y la Tierra.
Finalmente, una vista comparativa mostró el contraste de albedo entre las regiones oscuras de Oceanus Procellarum y Mare Humorum, ricas en basaltos ferruginosos de origen volcánico, y las tierras altas más claras. Esta diferencia permite rastrear la evolución térmica y la historia geológica de distintas provincias lunares.
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