El reingreso de la misión Artemis II es casi tan importante como su viaje a la Luna
Para los científicos, ingenieros y directores de misión de la NASA, el punto más crítico de un viaje a la Luna no es la maniobra de inserción orbital, sino el reingreso a la atmósfera terrestre. Ese último tramo, que dura menos de 20 minutos, puede determinar el éxito o el fracaso del programa Artemis.

Los cuatro astronautas de Artemis II serán los primeros en volver a la órbita lunar después de cinco décadas y los primeros en regresar a la Tierra a bordo de la nueva nave Orión, que alcanzará una velocidad de aproximadamente 11 km s⁻¹ (unos 32 Mach). Esta velocidad es casi el doble de la que experimenta una cápsula al reentrar desde la Estación Espacial Internacional (EEI). Durante el reingreso, la cápsula atravesará un capullo de plasma que eleva la temperatura a unos 2 700 °C por la fricción con la atmósfera.
Retos y lecciones del reingreso
En los primeros seis minutos de esta fase, la nave perderá contacto con la misión, soportará fuerzas de desaceleración de hasta 3,9 g y dependerá exclusivamente del escudo térmico Avcoat, un material diseñado para quemarse de forma controlada y proteger la cabina del calor incandescente.
El reingreso no será la primera vez que Orión se enfrente a una prueba de este tipo. En la misión sin tripulación Artemis I, la cápsula regresó desde la Luna para validar el escudo térmico en condiciones reales. Los ingenieros observaron que el Avcoat se quemó de manera irregular, desprendiendo más material del esperado y dejando patrones de erosión diferentes a los modelados. Aunque no se consideró un fallo catastrófico, sí reveló una vulnerabilidad que podía comprometer la seguridad de la tripulación.
Como respuesta, la NASA detuvo temporalmente el programa. Se rediseñó el escudo térmico, se llevaron a cabo nuevas pruebas de materiales y se recalibraron los modelos térmicos. Estas acciones retrasaron el vuelo tripulado de Artemis II casi dos años, pero garantizaron que el vehículo cumpla con los requisitos de seguridad antes de llevar humanos de regreso a la Luna.
El reingreso ha sido, a lo largo de la historia, un punto de inflexión para varios programas espaciales:
- Soyuz 1 (1967): El paracaídas de la cápsula falló durante la fase de reentrada, provocando la muerte del cosmonauta Vladimir Komarov y la suspensión del programa soviético durante 18 meses.
- Transbordador Columbia (2003): Un fragmento de espuma impactó el ala izquierda durante el lanzamiento, dañando el escudo térmico. El calor entró en la estructura al reentrar y la nave se desintegró, costando la vida a los siete tripulantes. El programa de transbordadores quedó paralizado por dos años y, finalmente, se canceló.
En el caso de Artemis II, el éxito del reingreso es fundamental para el cronograma lunar. Si la fase final no se ejecuta con precisión, el programa se detendrá, como ha ocurrido en ocasiones anteriores.
Por esta razón, el alunizaje previsto originalmente para Artemis III se pospuso y se reubicó en la misión Artemis IV, programada para antes de 2030. Artemis III se mantendrá como una misión intermedia, centrada en validar sistemas, trajes y maniobras que aseguren que, cuando finalmente se pise la superficie lunar, no queden imprevistos sin resolver.
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