El próximo gran avance contra el Alzheimer requerirá algo más que ciencia

La investigación sobre el Alzheimer está entrando en una nueva fase: los tratamientos que durante décadas permanecieron en fase experimental comienzan a llegar a los pacientes. Sin embargo, el acceso a esos avances no dependerá solo de los descubrimientos científicos, sino también de mejoras en el diagnóstico y de decisiones políticas, según el pionero del campo, John Hardy.

John Hardy, catedrático de Biología Molecular de Enfermedades Neurológicas en el University College London, intervino en la edición de WIRED Health de abril y subrayó que, además de contar con fármacos más eficaces, es necesario perfeccionar los métodos diagnósticos y adoptar políticas que favorezcan el tratamiento del Alzheimer. “Tenemos que mejorar”, afirmó.

Los avances recientes y sus limitaciones

En la década de 1990, Hardy y su equipo demostraron la importancia del amiloide, una proteína que se acumula en el cerebro y forma placas alrededor de las neuronas. Estas placas alteran la función cerebral y desencadenan respuestas inflamatorias. En aquel entonces, Hardy se describió a sí mismo como “ingenuamente optimista” respecto a la rapidez con la que ese hallazgo conduciría a una cura. “Ahora, por fin, hemos avanzado”, señaló.

Los primeros anticuerpos diseñados para impedir la formación de depósitos amiloides no lograron eliminar el amiloide ya presente en el cerebro de los pacientes, un error que, según Hardy, cometió la comunidad científica. “Ahora sabemos qué deben hacer los fármacos”, añadió.

En los últimos años se han desarrollado tratamientos anti‑amiloides como el donanemab y el lecanemab, capaces de remover los depósitos ya formados. El ensayo clínico de lecanemab, cuyos resultados se publicaron en 2022, mostró por primera vez que un fármaco puede ralentizar el deterioro cognitivo en personas con Alzheimer. “El problema es que no ha detenido la enfermedad, sino que la ha ralentizado”, explicó Hardy.

Puntos Clave
  • Los tratamientos anti‑amiloides que antes estaban solo en fase experimental están comenzando a llegar a los pacientes, pero su acceso dependerá también de mejoras diagnósticas y decisiones políticas
  • John Hardy destaca que, además de contar con fármacos más eficaces, es crucial perfeccionar los métodos de diagnóstico y adoptar políticas que favorezcan el tratamiento del Alzheimer
  • En la década de 1990 Hardy demostró la relevancia del amiloide, pero los primeros anticuerpos diseñados no pudieron eliminar los depósitos ya presentes, un error que la comunidad científica reconoce
  • Los nuevos fármacos donanemab y lecanemab pueden

En promedio, la enfermedad progresa durante ocho o nueve años. Lecanemab podría extender ese periodo a unos 11 o 12 años, lo que representa una diferencia significativa en la calidad de vida, aunque sigue habiendo margen de mejora.

La teoría del amiloide sigue siendo objeto de debate. Algunos investigadores consideran que el enfoque excesivo en ella ha retrasado el progreso, pero la mayoría reconoce que el amiloide tiene un papel, aunque su relevancia exacta continúa siendo controvertida. Para Hardy, la cura del Alzheimer requerirá un compromiso tanto científico como político.

Mejorar el diagnóstico es una prioridad clave. El uso de pruebas genéticas y biomarcadores permite observar la “química sanguínea” de quienes están en riesgo y podría servir de análogo al colesterol en la prevención de enfermedades cardíacas.

Actualmente, tratamientos como lecanemab están disponibles en EE. UU., donde la FDA los aprobó y están cubiertos por Medicare. En el Reino Unido, su acceso sigue limitado a pacientes privados. Otros fármacos anti‑amiloides, como el gantenerumab, mostraron resultados modestos al principio, pero estudios recientes con dosis más altas y regímenes prolongados indican que podrían retrasar los síntomas.

Para que el diagnóstico sea más preciso y temprano es necesario invertir en los servicios de demencia, tanto en el Reino Unido como en el resto del mundo. Fuera de los centros especializados, muchos pacientes son diagnosticados con demencia sin especificar la causa; solo alrededor del 60 % de los casos de demencia son realmente Alzheimer. Mejorar la precisión diagnóstica exige recursos financieros y una política de salud que lo respalde.

“Los científicos debemos crear versiones más eficaces de estos fármacos, eso está en marcha. Necesitamos diagnósticos tempranos y un cambio político que invierta en servicios de demencia”, concluyó Hardy.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

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