Por qué la temporada de huracanes de 2026 podría no ser tan mala
La temporada de huracanes en el Atlántico está a la vuelta de la esquina y, aunque los primeros indicadores apuntan a que será menos activa de lo habitual, no es motivo para desactivar las aplicaciones meteorológicas ni ignorar los avisos.

Pronóstico de la NOAA para la próxima temporada
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima la formación de entre ocho y catorce sistemas tropicales con nombre; de esos, entre tres y seis podrían convertirse en huracanes y entre uno y tres alcanzarían la categoría 3 o superior.
El factor que impulsa este pronóstico es, en gran medida, el fenómeno de El Niño, según explicó el director de la NOAA, Neil Jacobs. El Niño se caracteriza por una zona de aguas cálidas que se extiende por el Pacífico y se espera que se manifieste este verano. Esa franja de océano caliente reorganiza los patrones climáticos a nivel global. En el Atlántico tropical, El Niño genera vientos que dificultan la formación de huracanes, y los sistemas que logran desarrollarse pueden verse afectados por condiciones desfavorables en la atmósfera superior. (En el Pacífico ocurre lo contrario, y la NOAA prevé una temporada muy activa en esa cuenca).
Durante los tres últimos episodios de El Niño, la energía acumulada por los ciclones —un indicador de la fuerza y la longevidad de las tormentas— estuvo muy por debajo de lo normal.
Aun así, El Niño, incluso cuando es extremadamente fuerte, es solo uno de varios factores que influyen en la actividad de la temporada. Las temperaturas superiores a la media en el Atlántico favorecen la formación y el fortalecimiento de las tormentas, mientras que el polvo procedente del Sahara puede enturbiar la atmósfera e inhibir su desarrollo. La variabilidad de los eventos de polvo dificulta la predicción, como ocurrió el año pasado, cuando el número de tormentas con nombre quedó por debajo de la media pese a una previsión activa. Aun con esa actividad reducida se formó el huracán Melissa, una de las tormentas más intensas que ha tocado tierra en la cuenca atlántica.
Todo esto significa que la previsión estacional es una guía práctica para que las autoridades preparen suministros y recursos, pero lo que realmente importa es lo que ocurre con cada tormenta individual.
«Aunque esperamos una temporada por debajo de la media en el Atlántico, es fundamental entender que basta con una sola tormenta», enfatizó Jacobs, recordando que incluso en años tranquilos se han registrado huracanes de categoría 5 que han alcanzado tierra.
La administración anterior, bajo el presidente Trump, recortó drásticamente el personal de la NOAA y redujo la recolección de ciertos datos, como los globos meteorológicos, lo que puede afectar la calidad de las previsiones. Jacobs destacó el valor de nuevas fuentes de observación, incluidos drones aéreos que se desplegarán operativamente por primera vez.
Además, la NOAA ha incrementado el uso de modelos meteorológicos basados en inteligencia artificial entrenados con datos históricos. Durante la temporada de huracanes de 2025, la agencia probó un modelo experimental desarrollado junto a Google DeepMind. A finales del año pasado también puso en marcha un conjunto de modelos de IA para uso operativo, complementando los modelos tradicionales que emplean ecuaciones físicas.
Según la agencia, la versión de IA de su modelo insignia ofrece una mejor predicción de las trayectorias de los ciclones tropicales, aunque todavía se queda atrás de los modelos tradicionales en la estimación de la intensidad.
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