Se complica la paradoja de Fermi: las máquinas que ya deberían haber conquistado el universo siguen sin aparecer
Desde el punto de vista matemático, la forma más eficiente de explorar la galaxia sería mediante máquinas autorreplicantes, es decir, dispositivos capaces de construir copias de sí mismos. En lugar de lanzar naves tripuladas de gran tamaño, una sola sonda podría llegar a otro sistema estelar, emplear los recursos locales para fabricar nuevas versiones y enviarlas a destinos cada vez más lejanos. Los científicos conocen esta posibilidad desde hace décadas y, bajo esas premisas, la expansión dejaría de ser lineal para volverse exponencial.
Si una civilización inteligente desarrollara una tecnología de este tipo, podría extender su presencia por toda la Vía Láctea en apenas unos pocos millones de años. En cambio, la colonización mediante naves tripuladas resultaría mucho más compleja, pues dependería de cadenas de suministro, infraestructura y recursos centralizados. Esta estrategia tan eficaz plantea un dilema: si fuera accesible para civilizaciones tecnológicas, ¿por qué no observamos señales de que alguna la haya implementado previamente?
Implicaciones para la paradoja de Fermi
Este escenario forma parte de las múltiples variantes que componen la famosa paradoja de Fermi. La paradoja surge porque el universo parece lo suficientemente grande y antiguo como para haber generado innumerables civilizaciones avanzadas, pero las observaciones siguen mostrando un silencio desconcertante. Una de las respuestas clásicas sostiene que la Vía Láctea quizá nunca haya albergado una civilización capaz de iniciar una expansión de este tipo.
Un artículo reciente, aún en fase de prepublicación, amplía el problema a escala cósmica. El astrofísico David Kipping extiende el concepto de máquinas autorreplicantes a miles de millones de galaxias y, para evitar depender de una tecnología específica, sustituye la idea de “sonda autorreplicante” por la de una “infección artificial”: cualquier tecnología que pueda copiarse y propagarse por el espacio. A partir de esa premisa, estima la frecuencia con la que podrían aparecer estas infecciones, la velocidad de su propagación y el momento en que podrían haber comenzado.
Según los cálculos de Kipping, incluso si se asumieran sondas de exploración relativamente lentas, bastaría con que una sola de cada diez millones de galaxias iniciara una expansión autorreplicante para que, en la actualidad, el universo observable estuviera completamente ocupado por esas “infecciones”. En otras palabras, si tales procesos fueran siquiera mínimamente frecuentes, ya deberíamos detectar sus efectos.
No obstante, no observamos ninguna huella de esa expansión. El estudio concluye que el comportamiento autorreplicante debe ser extraordinariamente raro en el cosmos. Bajo los supuestos del modelo, la frecuencia máxima compatible con un universo sin colonizaciones visibles sería inferior a una por cada diez mil billones de sistemas estelares. Para llegar a esa cifra, Kipping incorpora distintas velocidades de propagación (desde el 10 % de la velocidad de la luz hasta velocidades cercanas a ella), la expansión cósmica y la tasa de infección entre galaxias.
Kipping destaca que lo más sorprendente de su trabajo es la facilidad con la que estas “infecciones tecnológicas” podrían haber llenado el universo. Según sus hipótesis, no se requieren civilizaciones abundantes ni tecnologías imposibles: una frecuencia extremadamente baja bastaría para que hoy percibiéramos sus efectos. Aunque evita especular sobre la causa exacta, subraya que el resultado constituye una de las restricciones estadísticas más severas para la búsqueda de inteligencia extraterrestre.
El artículo no ofrece una respuesta definitiva. Los resultados pueden interpretarse de forma más optimista, por ejemplo, considerando que ninguna civilización ha logrado construir máquinas de este tipo, que las civilizaciones avanzadas prefieren no utilizarlas, o que el impulso de expandirse por la galaxia es mucho menos común de lo que se suele imaginar.
Mira tambien:

Deja una respuesta