La IA no tiene emociones, pero puede simularlas; esto podría abrir nuevas vías para estudiar trastornos mentales

Un equipo multidisciplinario del Centro Else Kröner Fresenius de Salud Digital, en la Universidad Técnica de Dresde, ha demostrado que los modelos de inteligencia artificial de última generación pueden configurarse como “sujetos experimentales” para estudiar procesos psicológicos vinculados a trastornos mentales. Utilizando sistemas como GPT‑4o y diversas versiones de la familia Llama desarrollada por Meta, los investigadores han conseguido simular respuestas emocionales humanas de forma sistemática, lo que abre la puerta a nuevos enfoques para comprender y tratar afecciones como la depresión, la ansiedad o el estrés.

Metodología y resultados principales

Los científicos indujeron siete estados emocionales (ansiedad, miedo, ira, tristeza, disgusto, preocupación y estrés) mediante instrucciones de texto diseñadas como escenarios hipotéticos, emulando los procedimientos empleados en experimentos psicológicos con personas. Cada modelo debía evaluar periódicamente su propio nivel emocional en una escala de 0 a 100. Tras la inducción, se aplicaron técnicas de regulación emocional, entre ellas ejercicios de atención plena y protocolos de recuperación de estrés similares a los utilizados en estudios clínicos.

Los resultados mostraron que los modelos respondieron a los estímulos emocionales de forma reproducible. En promedio, tras la exposición a viñetas diseñadas para provocar miedo, tristeza o ansiedad, GPT‑4o registró un aumento de 52,8 puntos en sus autoevaluaciones, cercano al 200 % respecto a la línea base. Cuando se aplicaron las técnicas de regulación, las puntuaciones descendieron en promedio 48,2 puntos. Las variantes de Llama presentaron patrones similares, aunque con distintas magnitudes: Llama 4 Maverick mostró respuestas intensas, mientras que Llama 4 Scout presentó cambios más moderados.

Los autores señalan que estas diferencias entre modelos podrían reflejar la variabilidad observada entre personas sometidas a las mismas pruebas psicológicas, y atribuyen la intensidad de las respuestas al tamaño del modelo, su arquitectura, los datos de entrenamiento y la cantidad de parámetros.

Puntos Clave
  • Los modelos de IA de última generación pueden configurarse como “sujetos experimentales” para simular respuestas emocionales humanas y estudiar procesos psicológicos vinculados a trastornos mentales
  • Se indujeron siete estados emocionales (ansiedad, miedo, ira, tristeza, disgusto, preocupación y estrés) mediante instrucciones de texto, y los modelos evaluaron su nivel emocional en una escala de 0 a 100
  • GPT‑4o mostró un aumento promedio de 52,8 puntos (cerca del 200 % respecto a la línea base) tras estímulos emocionales, y las técnicas de regulación redujeron esas puntuaciones en promedio 48,2 puntos
  • Las variantes de la familia Llama (p. ej., Llama 4 Maverick y Llama 4 Scout) presentaron patrones de respuesta similares pero con diferentes magnitudes, lo que sugiere que la variabilidad entre modelos podría reflejar la variabilidad observada entre personas.

Además, una prueba de sesgo cognitivo reveló que la inducción de emociones influía en la interpretación de información nueva. Después de simular tristeza, GPT‑4o tendía a completar frases ambiguas con contenido más negativo, replicando un patrón cognitivo típico de la depresión humana.

Magdalena Wekenborg, directora del grupo de investigación PsychoDigital del EKFZ, explicó que los hallazgos “demuestran que los modelos lingüísticos a gran escala pueden reproducir patrones de procesos afectivos y cognitivos humanos en condiciones controladas”. Según ella, esto permite a la psicología contar con un laboratorio digital escalable y experimentalmente controlable para probar hipótesis y explorar nuevos enfoques terapéuticos, particularmente en la psicoterapia verbal.

Los investigadores subrayan que, aunque los modelos pueden simular respuestas emocionales, no experimentan emociones reales. Su utilidad radica en generar respuestas lingüísticas que imitan patrones observados en estudios con seres humanos, lo que los convierte en potenciales laboratorios digitales para analizar cómo determinadas emociones pueden modificar la toma de decisiones, la interpretación de información y otros procesos psicológicos asociados a trastornos mentales.

Sin embargo, expertos advierten que los resultados deben interpretarse con cautela. Alba María Mármol Romero, doctoranda del grupo de investigación SINAI de la Universidad de Jaén, puntualizó que “el papel de la IA es meramente el de ejecutar la tarea que se le indica, simulando la emoción si la instrucción así lo exige”. Por su parte, el neurocirujano Héctor Aceituno Cea destacó que, aunque los modelos pueden servir como un banco de pruebas económico para explorar ideas terapéuticas, “la IA no tiene sentimientos y no está preparada para ejercer como terapeuta”. El riesgo, según estos especialistas, reside en la interpretación excesiva de los hallazgos.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

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