Madres y padres de América Latina se organizan para quitarle el celular a sus hijos
Ignacio Castro observó a su hijo de once años en una librería de Buenos Aires y se preguntó cómo era posible que el niño estuviera sin su propio smartphone, mientras la mayoría de sus compañeros lo utilizaban sin restricción. Esa escena lo llevó a cuestionarse la omnipresencia de los dispositivos móviles entre los menores y a buscar una alternativa que devolviera a los niños tiempo libre de pantallas.
El Pacto Parental: una respuesta colectiva
En Argentina, la Encuesta Nacional “Aprender 2023” reveló que el 91 % de los estudiantes de entre 11 y 12 años posee un teléfono móvil, y esa cifra aumenta al 97 % entre los adolescentes de último año de secundaria. El promedio de edad en que los niños adquieren su primer dispositivo es de 9,6 años. Ante estos datos, Castro impulsó en el Colegio San Nicolás, Mendoza, un acuerdo entre madres y padres llamado “Pacto Parental”. El documento, similar a un contrato legal, establece que los menores no recibirán un smartphone antes de los 14 años y que el acceso a redes sociales quedará prohibido hasta los 16 años.
La iniciativa surgió después de que el propio Castro, tras leer “La generación ansiosa” del psicólogo Jonathan Haidt, identificara una relación directa entre el uso desmedido de pantallas y problemas como la ansiedad, déficit de atención y trastornos del sueño entre sus alumnos. Con el apoyo de la directora del colegio, una primera reunión reunió a 16 padres, y la respuesta fue tan positiva que una semana después asistieron 200 familias. Un abogado estudiante adaptó el texto del pacto, que se imprimió y firmó ese mismo día.
El Pacto Parental se difundió rápidamente en otras provincias argentinas —Córdoba, Buenos Aires, Neuquén y Tucumán— y, a partir de febrero, también llegó a padres de Paraguay, Perú, Colombia y Puerto Rico. Para organizar la creciente comunidad se creó un grupo de mensajería que, al multiplicarse, se dividió en canales por país.
Castro comenta que el proyecto superó sus expectativas y que, aunque no conoce el número exacto de participantes, la idea es que cada familia adapte el documento a su contexto sin perder la esencia del compromiso.
Los resultados iniciales son alentadores: después de retirar el teléfono, su hijo de 11 años pasó de llorar y protestar a jugar en la plaza en pocos minutos; seis meses después, volvió a conversar con sus compañeros y su hijo mayor, de 15 años, empezó a tocar la batería. Otros padres reportan una “renovación de la vida en casa” tras semanas de desintoxicación digital.
El movimiento “No es momento” en México
En México, el colectivo “No es momento” surgió en 2023 en Monterrey y se ha expandido a ciudades como Aguascalientes, Celaya, Chihuahua, Cuernavaca y la Ciudad de México. Fundado por Alexandra Fernández, Ana Sofía Guerra, Maya Barrera y Mónica Andrés, el grupo se inspiró en la iniciativa estadounidense Wait Until 8th, adaptándola a la realidad mexicana.
El “Acuerdo No es momento” funciona de forma similar al pacto argentino: los padres registran a sus hijos, indican la escuela y el grado, y se comprometen a no entregarles un smartphone antes de los 14 años ni permitirles el uso de redes sociales antes de los 16. Según los datos publicados por el movimiento, se han firmado más de 7 000 acuerdos, involucrando a alrededor de 4 200 familias y 580 escuelas en todo el país.
Los organizadores subrayan que la medida busca evitar la exclusión social de los niños que, de otro modo, quedarían aislados cuando sus pares utilizan dispositivos en fiestas, torneos deportivos o simplemente en el aula. La estrategia se basa en la acción colectiva: madres y padres designan núcleos locales y líderes por escuela, realizan reuniones mensuales y convocan a especialistas para abordar los efectos del uso excesivo de pantallas.
Mercedes Llamas, cofundadora del centro de salud digital infantil Restart, aporta evidencia clínica que respalda la iniciativa: el uso intensivo de smartphones está vinculado a retrasos en el habla, problemas neuromotores, ansiedad severa y depresión en niños.
Retos y perspectivas regulatorias
Aunque ambos movimientos prefieren la acción desde la base, reconocen que la legislación puede reforzar sus esfuerzos. En México, activistas han dialogado con legisladores y la diputada Laura Álvarez presentó una iniciativa que propone posponer el acceso a redes sociales hasta los 16 años y prohibir los teléfonos en las escuelas de la Ciudad de México. En Argentina, Castro considera que el gobierno eventualmente adoptará medidas, pero señala que la intervención estatal no puede esperarse mientras una generación entera está expuesta a los riesgos de la hiperconexión.
Los líderes coinciden en que la educación en crianza digital es esencial; sin el convencimiento de los padres, cualquier normativa corre el riesgo de ser eludida. La lucha, según ellos, es desigual: los menores no disponen de los recursos para enfrentarse a los algoritmos diseñados para maximizar el tiempo de pantalla. Por ello, la estrategia colectiva y el compromiso familiar siguen siendo los pilares para proteger la salud mental y el desarrollo de los niños en la era digital.
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