Conoce a seis científicas indígenas que llevan el conocimiento ancestral a la academia
La selva, el río y la sabiduría de sus abuelas fueron el primer laboratorio de un grupo de mujeres indígenas que hoy se han convertido en las primeras científicas de sus familias y, en muchos casos, de sus comunidades. Sin haber visto jamás una bata blanca ni manipulado un microscopio de niños, aprendieron a observar aves, a bañarse en el río y a escuchar los relatos de sus pueblos, lo que les abrió el camino hacia la universidad y la investigación.
Avita Taricuarima, perteneciente al pueblo kukama de Perú, recuerda que siempre tenía preguntas sobre el entorno: “¿Por qué el río crece? ¿Por qué el pez respira bajo el agua? ¿Por qué las aves vuelan?”. Esa curiosidad la llevó a estudiar biología y, a los 32 años, había publicado un artículo científico, estaba a punto de graduarse y formaba parte del The Explorers Club, que reconoce a los 50 mejores investigadores del planeta.
Ciencia desde y para las comunidades
Estas seis investigadoras, provenientes de Bolivia, Colombia, Ecuador, México y Perú, demuestran que los conocimientos ancestrales pueden integrarse de forma efectiva a la ciencia moderna, a la vez que enfrentan los obstáculos de un campo tradicionalmente dominado por hombres.
Alejandra Quiguantar (Colombia)
Originaria de la comunidad Mellamués, en las montañas de Nariño, Quiguantar creció entre plantas medicinales que su abuela utilizaba para curar enfermedades y asistir partos. Su tesis de grado identificó 90 especies y sus usos, pero al no ajustarse al método científico tradicional fue rechazada. En respuesta, diseñó una metodología comunitaria que combina el relato de su pueblo con la taxonomía, logrando graduarse y publicar un estudio en *Environmental Science and Policy* que aboga por la integración de saberes indígenas al método científico.
Yarina Tapuy (Ecuador)
Kichwa de la provincia de Napo, Tapuy aprendió desde niña sobre la picadura de la hormiga conga y las abejas sin aguijón. Hoy es entomóloga y ha descrito 14 especies nuevas de escarabajos. Su objetivo no es solo publicar en revistas indexadas, sino que sus descubrimientos sirvan a la comunidad; por ello planea crear una fundación que promueva la participación indígena en la investigación. Gracias a una beca, realizará una maestría en Entomología en el Instituto Nacional de Investigaciones Amazónicas, en Manaos, Brasil.
Avita Taricuarima (Perú)
Taricuarima investiga los peces que constituyen la principal fuente de alimento de los kukama. Un hallazgo surgió al observar gusanos blancos en las escamas de una sopa de pescado; el análisis reveló que eran patógenos peligrosos. Desde entonces, estudia parásitos zoonóticos y, recientemente, analiza bacterias termófilas capaces de degradar microplásticos, con el objetivo de compartir los resultados directamente con su comunidad.
Rosa Marina Flores Cruz (México)
Zapoteca del Istmo de Tehuantepec, Flores Cruz vivió la transformación de su tierra por la expansión de la energía eólica. Estudió Ciencias Ambientales en la UNAM y una maestría en la Universidad Autónoma Metropolitana, enfocándose en conflictos territoriales y “capitalismo verde”. Su investigación incluye el impacto de los aerogeneradores y del terremoto de 2017, y lidera un proyecto de reconstrucción de cocinas dirigido por mujeres para revitalizar la economía local.
Marisel Mamani (Bolivia)
Aymara de los Yungas de La Paz, Mamani se enfrentó al aumento del uso de pesticidas, que creció un 400 % entre 2005 y 2016. Durante su maestría en Ciencias Biológicas y Biomédicas, demostró que el hongo *Trichoderma* puede destruir la pared celular de hongos patógenos del mango y controlar la mosca de la fruta sin químicos. Publicó sobre la diversidad de *Trichoderma* en la Amazonía boliviana y ahora cursa un doctorado en Suecia, buscando la mayor colección de estos hongos en América Latina.
Paola Moreno‑Roman (Perú)
Quechua originaria de los Andes, Moreno‑Roman quiso ser la “Jane Goodall del Perú”. Tras estudiar en Yale y Stanford, participó en el proyecto Foldscope, que lleva microscopios de papel a comunidades sin acceso a laboratorios. Además, gestiona la cuenta @YachaqWarmi en redes sociales para difundir la ciencia y visibilizar a mujeres indígenas en STEM.
Según la UNESCO, solo una de cada tres científicos a nivel mundial es mujer, y la representación de mujeres indígenas es prácticamente inexistente en los registros oficiales. Janeth Bonilla, vicepresidenta del Kichwa Institute of Sciences, Technology and Humanities (KISTH), señala que la invisibilidad estadística, la falta de recursos y los prejuicios académicos son barreras que estas investigadoras deben superar.
Los logros de estas mujeres demuestran que la ciencia no está limitada a los laboratorios ni a las publicaciones en revistas de alto impacto. Al combinar el rigor académico con los conocimientos tradicionales, están protegiendo ríos, conservando selvas y defendiendo los recursos de sus pueblos, al tiempo que inspiran a nuevas generaciones de niñas indígenas a seguir caminos científicos sin renunciar a sus raíces.
Mira tambien:
Deja una respuesta