La extraña razón por la que algunos usuarios de Ozempic están comprando más perfumes
El aumento de la demanda de perfumes en los últimos meses ha llamado la atención de la industria cosmética y de la comunidad médica. Según datos de la firma de análisis NielsenIQ, las ventas totales de perfumes en los Estados Unidos crecieron un 23 % durante el último año, y el estudio de mercado Mintel señala un incremento del 24 % en las fragancias de estilo “gourmet”. Los analistas atribuyen este auge, al menos en parte, al uso masivo de los agonistas del péptido similar al glucagón‑1 (GLP‑1), medicamentos como Ozempic y Zepbound que se prescriben para la pérdida de peso y la diabetes tipo 2.
Uno de los casos más notorios es el del comediante estadounidense Todd Masterson, quien se auto‑administró Zepbound durante más de un año, logrando perder cerca de 40 kg. Sin embargo, el tratamiento le provocó un efecto secundario inesperado: una sensibilidad olfativa notablemente aumentada. En los catorce meses posteriores a iniciar la terapia, Masterson adquirió casi un centenar de perfumes, describiendo la experiencia como “una película llena de clichés, donde el perfume tocó un nervio en la cavidad nasal y quedó grabado en mi cerebro”.
¿Por qué los agonistas GLP‑1 potencian la percepción de los olores?
Los receptores de GLP‑1 no solo se encuentran en el páncreas, sino también en áreas cerebrales implicadas en la transmisión olfativa, como el bulbo olfatorio y el hipocampo. Al activar estas regiones, los fármacos pueden modificar la actividad de las neuronas que procesan los olores, lo que explica por qué muchos pacientes reportan una mayor agudeza olfativa y una percepción intensificada de ciertos aromas.
Hiroaki Matsunami, profesor de genética molecular y microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, explicó que “no es sorprendente que los agonistas GLP‑1 puedan influir en la percepción de los olores, ya que actúan directamente sobre las vías neuronales que gestionan este sentido”. Por su parte, Fatima Cody Stanford, doctora en medicina y especialista en obesidad de la Facultad de Medicina de Harvard, confirmó que los usuarios de estos fármacos suelen describir la experiencia como “una mayor sensibilidad olfativa, más que un cambio radical en el sentido del olfato”.
La neurocientífica Leslie Kay, de la Universidad de Chicago, añadió que “estos compuestos pueden activar los circuitos de placer asociados al olfato, redirigiendo la gratificación que antes se obtenía de la comida hacia aromas no comestibles, como los de los perfumes gourmet”.
Otros expertos sugieren una interpretación psicológica. La psicóloga Valentina Parma, del Centro Monell de Sentidos Químicos, sostiene que la reducción del apetito provocada por los agonistas GLP‑1 lleva a muchas personas a buscar satisfacción sensorial en otras áreas, como la música, el tacto o, en este caso, el olfato. “Cuando la comida deja de ser tan atractiva, el cerebro busca nuevas fuentes de placer, y los aromas pueden convertirse en una vía de escape hedonista”, apunta Parma.
- Los receptores GLP‑1 están presentes en las células mitrales del bulbo olfatorio y en el hipocampo.
- La activación de estos receptores está vinculada a la secreción de insulina inducida por olores y a la conducta de búsqueda de alimento.
- Los cambios en la percepción olfativa pueden influir en la tolerancia y el deseo de fragancias dulces y especiadas.
El fenómeno, que en la comunidad en línea se ha bautizado como “olor a Ozempic”, no es aislado. En foros de Reddit y en testimonios de usuarios, se ha reportado una tendencia a coleccionar perfumes con notas de vainilla, postres y especias picantes. Una usuaria llegó a ampliar su colección de dos frascos a más de cuarenta, sin contar las muestras que ha recibido.
Incluso con otro agonista GLP‑1, el fármaco Mounjaro, se observaron efectos similares. Samantha King, ex‑modelo de Tasmania, comentó que, tras nueve meses de tratamiento, los aromas que antes le provocaban náuseas ahora le resultaban agradables y, en algunos casos, irresistibles. “El GLP‑1 no me hizo enamorarme de los perfumes; simplemente cambió mi tolerancia y percepción de los olores”, declaró.
Las casas perfumistas ya están respondiendo a esta nueva demanda. Se ha incrementado la creación de fragancias que evocan postres, vainilla y especias, y las proyecciones de mercado indican que el segmento de “perfumes gourmet” podría superar los 35 mil millones de dólares, según la publicación especializada Perfumer & Flavorist.
Aunque todavía no existen estudios clínicos que establezcan una relación causal directa entre los agonistas GLP‑1 y la alteración del sentido del olfato, la coincidencia de dos tendencias —la expansión del uso de estos fármacos y el auge de las fragancias dulces— sugiere una conexión real que merece mayor investigación. Mientras tanto, los consumidores continúan explorando nuevos horizontes sensoriales, y la industria del perfume se posiciona para capitalizar este inesperado giro olfativo.
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