El "internet de los hongos" bajo los bosques es más complejo de lo que creíamos
Un reciente artículo publicado en Scientific Reports muestra que los hongos pueden “escuchar” los cambios químicos que producimos, como la orina, y responder modificando su actividad eléctrica. El estudio, liderado por el profesor asociado Yu Fukasawa del Departamento de Biología de la Universidad de Tohoku (Japón), se centró en un grupo de basidiomicetos que forman setas cuando el suelo contiene altas concentraciones de amoníaco, conocidos como “hongos del amoníaco”.
Para activar la producción masiva de setas, los investigadores rociaron urea en un bosque durante la primavera. La urea se descompone en amoníaco, desencadenando la aparición de los hongos en otoño. Lo que vemos en la superficie son los cuerpos fructíferos, mientras que bajo tierra se extiende una extensa red de micelio, una verdadera “internet” biológica que conecta a los individuos de la colonia.
Cómo se midió la “conversación” entre los hongos
Se fijaron electrodos a 37 setas que habían crecido gracias a la urea y se registró su actividad eléctrica durante intervalos de 30 min. Cada día se alternó la aplicación de agua o de orina humana sobre los cuerpos fructíferos, con el objetivo de observar si el amoníaco presente en la orina modificaba la transmisión de señales.
Los resultados fueron sorprendentes:
- El suministro de agua generó un aumento significativo del flujo eléctrico entre todas las setas, indicando una mayor “conversación” dentro de la red micelial.
- Al aplicar orina, el intercambio de información apenas cambió. La falta de respuesta se atribuye a que el amoníaco de la orina tarda varios días en liberarse, mientras que la medición duró solo 30 min.
- Cuando todas las setas recibieron agua simultáneamente, la señal eléctrica se debilitó respecto a la situación en que solo una seta era regada. Los autores interpretan que, al disponer todos los individuos de la información, la red ya no necesita transmitirla de forma intensiva.
- El análisis genético reveló que los 37 individuos pertenecían a dos especies del género Hebeloma. La intensidad de la señal disminuyó a mayor distancia genética o espacial entre los hongos, lo que sugiere que la comunicación es más eficaz entre individuos cercanos y de la misma especie.
Fukasawa explicó que, aunque se esperaba una activación inmediata de los hongos del amoníaco al contacto con la orina, la lenta conversión de la urea a amoníaco impidió observar cambios en el corto plazo. “Nuestro experimento muestra que la red micelial ajusta de forma flexible el flujo de señales eléctricas según el estímulo externo y la disponibilidad de recursos”, afirmó.
Estos hallazgos se suman a investigaciones anteriores del mismo grupo, que han demostrado que los hongos pueden exhibir comportamientos análogos a la inteligencia, la memoria y la toma de decisiones. Cuando colonias distintas se encuentran, liberan compuestos que inhiben el crecimiento rival, una estrategia que parece regular la competencia territorial.
La capacidad de los hongos para modular la comunicación eléctrica abre nuevas posibilidades en biotecnología. Entre las potenciales aplicaciones se incluyen:
- Desarrollo de circuitos de computación biológica basados en redes fúngicas.
- Diseño de estrategias antibacterianas que aprovechen la señalización y las respuestas químicas de los hongos.
- Optimización de sistemas agrícolas urbanos que fomenten redes miceliales saludables para mejorar la nutrición de las plantas.
- Mejora de la producción de setas comestibles y de compuestos farmacológicos mediante la manipulación de la comunicación eléctrica del micelio.
En definitiva, el micelio que recubre los suelos forestales mantiene una conversación eléctrica invisible para nosotros, pero que cada vez se hace más accesible a la ciencia. La investigación de Fukasawa y su equipo apenas rasca la superficie de una red de información que podría transformar nuestra comprensión de la ecología y la tecnología.
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