¿Cómo mezcla tu mente recuerdos y emociones al soñar?
Un equipo de investigadores encabezado por Valentina Elce, de la Escuela Superior IMT de Lucca, ha descubierto que los sueños revelan información sobre quiénes somos y sobre nuestras experiencias, siempre que los analicemos desde la perspectiva de su origen y no sólo de su significado.

Según el estudio publicado en la revista Communications Psychology, el objetivo no es interpretar simbólicamente los sueños, sino comprender de dónde emergen y por qué aparecen determinados contenidos.
Método de estudio
Para identificar los factores que impulsan el contenido onírico, los investigadores cruzaron datos sobre los sueños con características demográficas y psicológicas de los participantes. Aproximadamente 300 personas completaron cuestionarios diseñados para medir la propensión al vagabundeo mental (mind‑wandering), la ansiedad y la vividez de sus imágenes mentales.
Paralelamente, se recopilaron datos directos sobre el sueño, como su cantidad, la somnolencia diurna y la frecuencia de soñar. Se evaluaron también distintas capacidades cognitivas, incluyendo varios tipos de memoria y habilidades lingüísticas. Cada participante grabó, una vez al día, los pensamientos que había tenido quince minutos antes de iniciar la vigilia.
Para examinar la relación entre emociones y sueños, se solicitó a los sujetos que, al despertarse, anotaran lo que habían soñado y la sensación que les dejó, durante un periodo de quince días. Además, una submuestra tuvo sus movimientos durante el sueño y su actividad cerebral monitorizados.
Los relatos grabados fueron transcritos y analizados mediante técnicas de inteligencia artificial que evaluaron contenido semántico y léxico, prestando especial atención a la emotividad, extrañeza, aspectos sensoriales, y a referencias temporales y espaciales. Estos resultados se integraron con los datos de las pruebas cognitivas, los rasgos de personalidad y los patrones de sueño de los participantes.
El estudio también incluyó una muestra de personas que vivieron el confinamiento inicial de la pandemia, con el fin de observar cómo un evento altamente estresante puede influir en los sueños. En total se analizaron cerca de 3 700 informes oníricos de casi 300 individuos, tanto de la población general como de quienes estaban en aislamiento.
Principales hallazgos

- Los sueños reflejan tanto la identidad individual como las experiencias compartidas; es decir, el contenido onírico depende de rasgos personales y de eventos externos comunes.
- El concepto de “hiperasociación” describe cómo experiencias y expectativas se combinan de forma coherente pero extraña, fenómeno que se intensifica en personas con alta propensión al vagabundeo mental.
- En comparación con la vigilia, los sueños son percibidos más como observaciones externas que como acciones propias, y tienden a ser más ricos en emociones.
- Las personas con mejor memoria visual y espacial reportan con mayor frecuencia la presencia de objetos en sus sueños.
- Quienes divagan mentalmente cambian con mayor regularidad el escenario onírico.
- Los jóvenes sueñan más a menudo con situaciones relacionadas con el trabajo.
- Durante el confinamiento, los sueños mostraron referencias a límites físicos, al cuerpo, a interacciones sociales, a temas laborales, al tiempo y a narrativas fantásticas o dramáticas, incorporando reflexiones personales típicas de la vigilia.
Elce concluye que los sueños cumplen un doble papel: por un lado facilitan la desconexión del mundo real y favorecen el descanso; por otro, contribuyen a una mejor comprensión y procesamiento de nuestras emociones.
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