Una IA analizó miles de relatos de sueños y encontró que no son aleatorios
Una investigación reciente publicada en la revista Nature Research ha utilizado modelos de lenguaje de gran escala para examinar más de diez mil relatos de sueños recopilados en distintas bases de datos. El objetivo era determinar si los sueños presentan patrones estructurales o si, por el contrario, son meras secuencias caóticas de imágenes y sensaciones.

Los resultados indican que, lejos de ser aleatorios, los sueños suelen estar organizados y reflejan de manera consistente experiencias cotidianas, niveles de estrés y rasgos de personalidad. Los análisis revelaron que las descripciones oníricas contienen mayor detalle visual, mayor conciencia espacial y una mayor multiplicidad de personajes en comparación con el discurso cotidiano.
Principales hallazgos
Entre los descubrimientos más relevantes se destacan:
- La “propensión a divagar” mental durante la vigilia, vinculada a la red de modo predeterminado del cerebro, emerge como el factor predictivo más fuerte de la complejidad narrativa de los sueños.
- Los sueños tienden a reproducir preocupaciones y temáticas presentes en la vida despierta, apoyando la hipótesis de continuidad propuesta por el psicólogo Calvin Hall.
- Eventos colectivos, como la pandemia de COVID‑19, modificaron notablemente el contenido onírico a nivel global, incrementando la aparición de motivos relacionados con el confinamiento y la restricción.
- Durante el sueño REM, la actividad del córtex prefrontal disminuye mientras que las regiones emocionales y visuales, como la amígdala, se activan intensamente, lo que favorece la generación de narrativas emocionales inmersivas.
La investigadora Julie Mallon, experta en sueño, subraya que la inteligencia artificial analiza el lenguaje de los relatos, no la actividad neuronal directa. “Estamos estudiando una reconstrucción verbal del sueño, no el evento neurobiológico en bruto”, explica.
Sin embargo, no todos los especialistas están convencidos de que los hallazgos impliquen una mayor riqueza onírica. La neurocientífica cognitiva Samira Cutts señala que las personas que recuerdan sus sueños con frecuencia pueden ser simplemente más hábiles para articular recuerdos fragmentados, sin que ello implique sueños intrínsecamente más vívidos.
Cutts también advierte sobre los límites del método: los grandes modelos de lenguaje están diseñados para detectar patrones lingüísticos, lo que podría llevar a una “sobreinterpretación del orden”. Según ella, la IA tiende a imponer coherencia donde el cerebro soñador opera mediante fragmentos visuales, bucles emocionales y asociaciones simbólicas.
A pesar de las críticas, el estudio sugiere que el cerebro durante el sueño realiza procesos estructurales distintos a los del pensamiento despierto, apoyando la idea de que el sueño REM funciona como una terapia nocturna que procesa y alivia la carga emocional de los recuerdos.
En conclusión, aunque la inteligencia artificial todavía enfrenta desafíos al interpretar la subjetividad de los sueños, la investigación aporta evidencia de que el sueño no es un mero ruido aleatorio, sino una actividad cerebral organizada que continúa revelando cómo procesamos nuestras experiencias y emociones mientras descansamos.
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