Expertos proponen un plan para redistribuir la riqueza para evitar una crisis ambiental y social
La humanidad atraviesa una policrisis que empuja al planeta hacia un colapso ambiental, extremismo político y crecientes tensiones socioeconómicas. Así lo concluye un nuevo informe publicado por el Laboratorio Mundial de la Desigualdad (WIL), que propone un conjunto de medidas para garantizar el desarrollo humano y la igualdad a escala global. Los autores lo describen como “el primer intento de presentar un plan totalmente cuantificado” para abordar estas problemáticas de forma sistemática.

Denominado “Informe Global sobre Justicia: un Plan para la Igualdad y la Prosperidad dentro de los Límites Planetarios”, el documento es fruto de la colaboración de 45 especialistas que analizaron bases de datos elaboradas por más de 200 investigadores de distintas regiones del mundo.
Principales hallazgos del informe
El texto sostiene que una redistribución profunda de la riqueza, el poder y los recursos a nivel internacional es indispensable para evitar un escenario desastroso para la humanidad en múltiples dimensiones. Thomas Piketty, codirector del WIL y profesor de la Escuela de Economía de París, declaró que se está librando una enorme batalla cultural, intelectual y política, y que la ideología que se observa en figuras como Donald Trump y sus semejantes en Europa y el resto del mundo no puede seguir vigente. Según él, “tendremos que llegar a una redistribución cooperativa de recursos y poder, porque de lo contrario nos dirigimos a resultados desastrosos tanto para el medio ambiente y el clima como para la sociedad”.
El informe revela que la desigualdad en ingresos, distribución de recursos y gobernanza constituye un problema grave que requiere atención urgente. Entre los datos más llamativos:
- El ingreso mensual promedio por habitante varía desde 290 euros en África subsahariana hasta 4 590 euros en Norteamérica y Oceanía, una diferencia de 16 veces.
- El 50 % más pobre de la población mundial posee sólo el 2 % del patrimonio global, mientras que un reducido grupo de multimillonarios concentra alrededor del 6,4 %.
- El gasto en educación supera los 4 100 euros por persona en las economías más ricas, pero en los países de menores ingresos apenas alcanza una fracción de esa cantidad.
- Los organismos de gobernanza económica global, como el Banco Mundial y el FMI, están dominados por naciones desarrolladas cuya participación es varias veces superior a la que correspondería por su población.
En México, por ejemplo, las mujeres dedican cerca de 40 horas semanales a labores de cuidado no remunerado, frente a apenas 18 horas de los hombres.
Frente a este panorama, el WIL propone un conjunto de políticas orientadas a modificar la distribución de recursos a gran escala, impulsar reformas en el orden financiero y económico internacional, transformar radicalmente los sistemas energéticos y promover cambios sustanciales en los patrones de consumo. Estas medidas deberían implementarse progresivamente entre 2026 y 2100.
Una de las propuestas centrales es reducir en más del 50 % las horas promedio de trabajo, pasando de 2 100 a 1 000 horas anuales. Al mismo tiempo, se plantea aumentar la proporción del trabajo destinado a educación y salud, de un 11 % a un 43 % del total mundial, acompañada de políticas para lograr la igualdad de género en salarios, empleo y distribución de las labores domésticas.
Los investigadores consideran que estos pasos son esenciales para transitar de un modelo basado en el consumo excesivo a uno centrado en la suficiencia. El escenario contempla una reducción drástica en la extracción de materias primas, modificaciones en los patrones de consumo, cambios en el uso del suelo y la cobertura forestal, y una mayor adopción de dietas ricas en vegetales y menos dependientes de la carne roja.
Según el informe, la combinación de estas medidas permitiría limitar el calentamiento global a 1,8 °C respecto a la era preindustrial para finales de siglo, frente a las proyecciones actuales que sitúan el aumento en más de 4 °C si se mantienen las políticas vigentes.
Para financiar la transición, los autores proponen la creación de un Fondo Global de Justicia respaldado por un impuesto mundial al patrimonio, con tasas de hasta el 20 % anual para los multimillonarios, y un impuesto global sobre la renta que podría alcanzar el 90 % para los ingresos más elevados. Estas medidas afectarían únicamente al 1 % más rico de la población mundial.
Los recursos recaudados también alimentarían un Fondo Soberano Mundial que acumularía activos equivalentes al 60 % del PIB global, lo que permitiría financiar proyectos a largo plazo e incrementar la participación pública en la economía internacional.
El informe proyecta que, bajo estas políticas, el ingreso promedio mensual per cápita de todos los países alcanzaría los 5 000 euros hacia 2100. Esto implicaría que el 89 % de la población mundial duplicaría sus ingresos monetarios y que más del 99 % mejoraría su situación al considerar también los beneficios derivados de mayor tiempo libre y la mitigación de los efectos más severos del cambio climático.
Asimismo, se estima que la participación del 50 % más pobre en la riqueza mundial crecería del 2 % al 30 %, mientras que la proporción controlada por los multimillonarios se reduciría del 6,4 % al 0,05 %. El gasto educativo alcanzaría los 8 400 euros por habitante y el gasto sanitario los 14 400 euros en todos los países.
Piketty afirmó que “un euro adicional del PIB destinado a educación y salud tiene entre tres y cuatro veces menos impacto ambiental y consumo energético que un euro adicional destinado al sector manufacturero”.
Los autores consideran que la humanidad dispone de los recursos materiales y tecnológicos necesarios para lograr estos objetivos; el principal obstáculo, según ellos, es político, pues se requiere la capacidad de construir acuerdos y coaliciones internacionales que respalden una redistribución profunda de la riqueza, el poder y los recursos a escala global.
Cornelia Mohren, coautora y coordinadora medioambiental del WIL, reconoció que las propuestas pueden parecer utópicas, pero sostuvo que este tipo de ejercicios son esenciales para demostrar que existen alternativas viables para garantizar un desarrollo sostenible. “Es alentador saber que podemos combinar un mundo igualitario con el cumplimiento de los límites de emisiones de carbono. Es un resultado muy útil que me llena de esperanza”, concluyó en declaraciones a The Guardian.
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