Los riesgos que las infancias enfrentan hoy en internet ya no son los de la generación Z

Los peligros que enfrentan los menores al navegar por Internet hoy en día son muy diferentes a los que preocupaban a la generación Z. La expansión de la inteligencia artificial, los algoritmos que potencian la exposición a contenidos extremos y nuevas formas de explotación digital están redefiniendo el panorama de la seguridad infantil en la red.

Según la Internet Watch Foundation, en 2025 se identificaron 3 443 videos de abuso sexual infantil generados por IA, lo que representa un aumento de 260 veces respecto al año anterior. Además, se detectaron más de 8 000 imágenes y videos hiperrealistas creados artificialmente, lo que evidencia una escalada sin precedentes de material delictivo impulsado por la tecnología.

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Amenazas emergentes que van más allá del “grooming” tradicional

Los investigadores ya no se centran exclusivamente en el grooming, el ciberacoso o el acceso a contenidos violentos. Ahora describen fenómenos como la sextorsión financiera, los deepfakes sexuales, chatbots capaces de establecer relaciones emocionales con menores y algoritmos que pueden guiar a los jóvenes durante semanas hacia comunidades cada vez más radicales.

Una parte creciente del abuso sexual infantil ocurre sin que la víctima abandone su domicilio. Se habla de “material autogenerado”, que incluye fotografías o videos íntimos obtenidos mediante manipulación, engaño o coacción, y que suele producirse en habitaciones o baños mientras los agresores se hacen pasar por compañeros de escuela, amigos en línea u otras personas de confianza.

En América Latina, la exposición a estos riesgos es particularmente alta. Un estudio de Grooming LATAM y UNICEF revela que el 28 % de los niños de la región recibe su primer teléfono inteligente antes de los nueve años, y seis de cada diez permanecen conectados al menos cuatro horas diarias. En México, se estima que 1,6 millones de menores fueron víctimas de algún tipo de explotación o abuso sexual digital durante el último año. En Colombia, seis de cada diez menores han entablado conversaciones con desconocidos en Internet, mientras que en Argentina siete de cada diez han recibido propuestas de noviazgo de personas que conocen únicamente a través de plataformas digitales. A pesar de estos datos, siete de cada diez niños latinoamericanos aún desconocen el concepto de grooming.

Sin embargo, hablar de “infancia” como si todos los niños vivieran la red de la misma forma es un error. La investigadora Amanda Third, del Institute for Culture and Society de la Western Sydney University, señala que los menores en situación de vulnerabilidad fuera de la red (pobreza, falta de apoyo familiar, problemas de salud mental, discapacidad o pertenencia a comunidades discriminadas como la LGBTQ+) son también los que corren mayor probabilidad de sufrir daños digitales. Estos grupos, aunque más expuestos a la violencia en línea, dependen en gran medida de Internet para encontrar apoyo, construir comunidades y acceder a información que no encuentran en su entorno inmediato.

Puntos Clave
  • Los videos de abuso sexual infantil generados por IA aumentaron 260 veces en 2025, alcanzando 3 443 casos
  • Surgen amenazas como sextorsión financiera, deepfakes sexuales, chatbots emocionales y algoritmos que radicalizan a menores
  • En América Latina el 28 % de los niños tiene smartphone antes de los 9 años y el 60 % pasa al menos 4 horas diarias conectados, con 1,6 millones de víctimas de explotación digital en México
  • El “material autogenerado” se produce en el hogar mediante engaños o coacción, sin que la víctima salga de su domicilio.

Third insiste en diferenciar dos conceptos que a menudo se confunden: riesgo y daño. La exposición a un riesgo no implica necesariamente que se produzca un daño. Dos adolescentes pueden recibir el mismo mensaje de un desconocido o visualizar el mismo contenido violento; uno lo ignora y continúa su día, mientras que el otro queda profundamente afectado. La diferencia radica en factores externos a la pantalla: redes de apoyo, salud mental, contexto familiar, alfabetización digital y la capacidad de solicitar ayuda.

El debate público se ha centrado excesivamente en limitar el tiempo de pantalla. Sameer Hinduja, codirector del Cyberbullying Research Center, advierte que los estudios más rigurosos demuestran que el efecto del tiempo de pantalla sobre el bienestar es pequeño. “El mayor factor de protección no es un control parental perfecto, sino que un adolescente sienta que puede acudir a un adulto con lo peor que le haya sucedido sin miedo a ser culpado o castigado”, afirma.

La conversación también debe alejarse de la idea de que la seguridad depende únicamente de bloquear aplicaciones o restringir dispositivos. Según Livingstone, directora del Digital Futures for Children Centre de la London School of Economics, “la respuesta de la sociedad ha sido controlar cada vez más a los niños, en lugar de preguntarse cómo diseñar un Internet donde puedan desarrollarse”.

Los especialistas coinciden en que, más que reducir la interacción con plataformas, es necesario fomentar conversaciones que permitan identificar riesgos y crear espacios de confianza. Educar a los menores para reconocer intentos de manipulación, hablar abiertamente sobre consentimiento digital, privacidad y uso de la inteligencia artificial desde edades tempranas, y construir relaciones donde pedir ayuda no implique castigo, son pasos esenciales para un entorno digital más seguro.

Principales recomendaciones de los expertos

  • Diseñar plataformas con el bienestar infantil como prioridad, no solo con el objetivo de maximizar el tiempo de permanencia.
  • Implementar alfabetización digital que incluya reconocimiento de deepfakes, chatbots emocionales y tácticas de sextorsión.
  • Fortalecer redes de apoyo familiar y comunitario que permitan a los menores acudir a un adulto de confianza.
  • Desarrollar políticas públicas que consideren la diversidad de experiencias infantiles y no se limiten a prohibiciones genéricas.
  • Promover la investigación continua sobre los efectos de los algoritmos y la IA en la exposición de menores a contenidos nocivos.

En última instancia, proteger a la infancia en la era digital implica transformar la propia arquitectura de Internet, no solo imponer barreras. Si logramos crear un entorno en línea más seguro para los niños, estaremos avanzando hacia una red más segura para todos.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

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