Casi la mitad de los casos de demencia podrían prevenirse con simples ajustes, pero la información no está llegando a la gente

Un número importante de casos de demencia podrían evitarse mediante cambios simples en el estilo de vida, pero la información necesaria aún no llega a la población general. Según los últimos hallazgos científicos, hasta un 45 % de los casos de demencia están vinculados a factores modificables como la hipertensión, la diabetes, la inactividad física, el tabaquismo, la obesidad, el aislamiento social o la pérdida auditiva.

Mario Siervo, investigador de la Universidad Curtin (Australia) y coautor de un estudio publicado en The Lancet Healthy Longevity, señala que “informar a la gente sobre estos riesgos es fundamental, pero las campañas de sensibilización tradicionales rara vez generan cambios de comportamiento duraderos”. Además, reconoce que obstáculos como la falta de tiempo, los costos y la motivación pueden limitar la adopción de hábitos más saludables.

Qué evidencia respalda la prevención activa de la demencia

La revisión sistemática analizó estrategias de prevención en ocho países (Australia, Bélgica, Chile, China, Dinamarca, Países Bajos, Puerto Rico y Estados Unidos). De los cientos de publicaciones revisadas, solo doce estudios cumplieron los criterios de calidad y se llevaron a cabo en esos países, con muestras que oscilaron entre 51 y más de 8 000 participantes.

Los resultados revelaron que las campañas masivas —televisión, radio, redes sociales y materiales impresos— lograron un aumento modesto en el conocimiento de los factores de riesgo. En contraste, intervenciones más interactivas, como cursos en línea, programas educativos personalizados y actividades comunitarias, produjeron mejoras consistentes tanto en la comprensión de los riesgos como en la adopción de conductas saludables.

Puntos Clave
  • Hasta un 45 % de los casos de demencia están vinculados a factores modificables como hipertensión, diabetes, sedentarismo, tabaquismo, obesidad, aislamiento social y pérdida auditiva
  • Las campañas masivas tradicionales (televisión, radio, redes sociales) solo aumentan modestamente el conocimiento y rara vez generan cambios de comportamiento duraderos
  • Intervenciones interactivas —cursos en línea, educación personalizada y actividades comunitarias— mejoran consistentemente la comprensión de los riesgos y la adopción de hábitos saludables
  • Un programa que combinó evaluación personalizada del riesgo con un curso estructurado

Un programa destacado combinó una evaluación personalizada del riesgo de demencia con un curso estructurado. Tres años después, los participantes redujeron en un 26 % sus factores de riesgo modificables.

El mismo equipo de investigadores, en un segundo estudio que analizó datos de casi 500 000 adultos mayores seguidos durante una mediana de 13,6 años, identificó la “obesidad sarcopénica” (exceso de grasa corporal junto con baja masa muscular o fuerza) como un factor de riesgo importante. De los 8 647 casos de demencia diagnosticados, quienes presentaban obesidad sarcopénica tenían un 34 % más de probabilidades de desarrollar la enfermedad que quienes no tenían ni obesidad ni pérdida muscular. La asociación fue más pronunciada en hombres y en personas menores de 65 años.

Estos hallazgos sugieren que la fuerza muscular puede servir como un indicador sencillo para identificar a personas con mayor riesgo antes de que aparezcan síntomas cognitivos evidentes.

La convergencia de ambos estudios refuerza la idea de que la prevención de la demencia debe iniciar mucho antes de la aparición de los primeros síntomas. Mantener la actividad física, preservar la masa y fuerza muscular y garantizar que la población conozca los factores de riesgo son estrategias complementarias que, combinadas, pueden reducir significativamente la carga de la enfermedad.

“Cuando las personas comprenden su propio riesgo y reciben pautas claras y prácticas, especialmente a través de redes comunitarias de confianza, es más probable que realicen cambios significativos”, afirma Siervo. Por su parte, Blossom Stephan, coautora de la investigación, añade que es necesario “combinar mensajes públicos generales con apoyo específico que ayude a la gente a actuar, invirtiendo en programas accesibles, culturalmente relevantes y diseñados con la comunidad, no solo para ella”.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

Vota post
Mira tambien:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Subir