¡Buenas noticias! La Tierra nunca será devorada por el Sol después de todo
Contrario a la visión pesimista que prevalecía hace unos años, los últimos resultados de la investigación publicada en la revista Astronomy & Astrophysics indican que la Tierra podría evitar ser engullida por el Sol cuando este se convierta en una gigante roja. Sin embargo, el propio planeta no estará habitado cuando eso ocurra, pues la vida tal como la conocemos desaparecerá mucho antes.
Los astrónomos estiman que dentro de aproximadamente 5 000 millones de años el Sol agotará el hidrógeno de su núcleo y comenzará a quemar helio, proceso que provocará la expansión de sus capas exteriores y la aparición de una gigante roja. Tras esa fase, el núcleo colapsará formando una enana blanca que se enfriará lentamente durante decenas o cientos de miles de millones de años.
¿Qué determinará el destino de la Tierra?
El futuro orbital del planeta depende de la interacción entre dos procesos opuestos. Por un lado, la pérdida de masa estelar mediante vientos solares débiles hará que la gravedad del Sol disminuya, empujando la órbita terrestre gradualmente hacia fuera. Por otro, la cercanía creciente a la atmósfera expandida del Sol generará fuerzas de marea que pueden extraer energía orbital y arrastrar al planeta hacia el interior.
Los modelos anteriores consideraban que las fuerzas de marea dominarían, lo que implicaba una espiral descendente que terminaría con la Tierra siendo vaporizada dentro de la capa roja del Sol. El nuevo estudio incorpora datos más precisos sobre la intensidad de los vientos estelares y sugiere que la pérdida de masa podría ser suficiente para que la Tierra se desplace a una órbita más lejana y sobreviva, aunque en condiciones extremadamente inhóspitas.
Aunque la posibilidad de escapar del abrazo rojo del Sol es más alta de lo que se creía, persisten grandes incertidumbres. La magnitud exacta de los vientos estelares y la complejidad de los pulsos térmicos en las etapas finales de una estrella son difíciles de modelar, y cualquier variación podría revertir el escenario y volver a favorecer la captura mediante marea.
El destino de los demás cuerpos del sistema solar está, por el contrario, mucho más definido. Mercurio y Venus serán consumidos por la expansión solar sin posibilidades de escapar. Marte, aunque se verá sometido a temperaturas extremas que eliminarán su hielo permanente, se desplazará a una órbita más alejada y evitará la destrucción física. Los gigantes gaseosos, Júpiter y Saturno, mantendrán sus masas, pero sus lunas sufrirán modificaciones orbitales y, en algunos casos, el aumento de la radiación solar podría fundir temporalmente las capas heladas de cuerpos como Europa y Encélado, creando océanos temporales de agua líquida.
En síntesis, la Tierra probablemente logrará permanecer en órbita alrededor de la futura enana blanca, pero la vida tal como la conocemos habrá desaparecido mucho antes, convirtiendo al planeta en un desolado páramo rocoso. El estudio, redactado por investigadores italianos y difundido por WIRED Italia bajo la autoría de Alondra Flores, abre una nueva perspectiva sobre el destino a largo plazo de nuestro mundo, aunque la certeza absoluta sigue escapando a la ciencia.
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