China desafía las restricciones de EE UU y construye la supercomputadora más rápida del mundo
China ha retomado el liderato mundial en supercomputación con la puesta en marcha de LineShine, la supercomputadora más potente del planeta según la lista TOP500. Instalada en el Centro Nacional de Supercomputación de Shenzhen, el sistema alcanza los 2 198 exaflops, lo que equivale a más de 2 trillones de operaciones por segundo, y supera al anterior campeón estadounidense, El Capitan, en más de un 20 %.
Características técnicas de LineShine
LineShine se diferencia de la mayoría de las supercomputadoras de última generación al prescindir de unidades de procesamiento gráfico (GPU). Su arquitectura se basa exclusivamente en CPU, empleando aproximadamente 45 000 procesadores LX2, cada uno con 304 núcleos y una frecuencia de 1,55 GHz, lo que representa una solución totalmente desarrollada en China. El consumo eléctrico del sistema ronda los 42,2 megavatios.
Los nodos están interconectados mediante la red de alta velocidad LingQi, diseñada para minimizar la latencia y acelerar el intercambio de datos. La plataforma operativa se sustenta en Kylin OS, un sistema basado en Linux ampliamente utilizado en entornos científicos y gubernamentales del país.
El Capitan, ubicado en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore (Livermore, California), mantuvo la primera posición del ranking TOP500 desde 2024. Sin embargo, las pruebas semestrales realizadas por el consorcio TOP500 confirmaron que la capacidad de procesamiento de LineShine supera a la del equipo estadounidense, marcando el regreso de China a la cúspide tras una década de ausencia.
El avance llega en un contexto de intensificada rivalidad tecnológica entre Beijing y Washington. Durante las administraciones de Donald Trump y Joe Biden, Estados Unidos impuso rigurosos controles de exportación sobre componentes, software y plataformas vinculados a la computación avanzada, con el objetivo de frenar el progreso chino. En respuesta, China ha adoptado medidas de contención propias y ha acelerado la inversión en arquitecturas independientes.
Jimmy Goodrich, investigador principal del Instituto para el Conflicto y la Cooperación Global de la Universidad de California, interpreta el logro como una señal de que “China busca demostrar que los controles de exportación son ineficaces”. Por su parte, Jack Dongarra, coautor del listado TOP500 y miembro del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad Texas A&M, señala que las restricciones estadounidenses obligaron a China a desarrollar tecnologías autóctonas capaces de competir al más alto nivel, pese a la falta de acceso a algunos recursos de última generación.
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