El último aliento de las Haenyeo: Defensoras de su pueblo por siglos, las mujeres buceadoras de Corea están por desaparecer
Las Haenyeo, las legendarias buceadoras de la isla de Jeju en Corea del Sur, han defendido durante siglos el sustento de su comunidad sumergiéndose en aguas frías sin ayuda de equipos de respiración. A día de hoy, su tradición milenaria corre el riesgo de desaparecer, pues el número de practicantes ha caído de varios miles a apenas doscientos, la mayoría con más de sesenta años.

Historia y legado de las Haenyeo
El buceo libre en la península coreana se remonta al siglo V, cuando registros del reino de Silla mencionan perlas extraídas de la isla, entonces llamada Tam-La. En el siglo XIII, la fama de sus perlas atrajo a la corte china, y en el XV se documentó que hombres de Jeju migraron al territorio continental para comerciar abulones, probablemente recolectados por sus esposas.
En el siglo XVII aparece por primera vez la denominación “Jam‑Nyo” (mujer buceadora) en una monografía sobre la geografía de Jeju, describiendo a mujeres que, desnudas, se sumergían en primavera y verano para cosechar algas y abulones, aunque la mayor parte de su captura era retenida por autoridades.
Durante la ocupación japonesa (1910‑1945), los pescadores nipones explotaron intensamente los recursos marinos de Jeju. En 1915 se promulgó el Decreto de Pesca de Corea, que otorgó a las Haenyeo derechos de pesca en toda la costa, pero las tarifas seguían siendo desiguales. En 1920 fundaron la primera cooperativa de buceadoras, la “Jamsuhoe” (asociación de mujeres buceadoras), que mejoró sus condiciones y les brindó protección contra la explotación.
En la década de 1930 las Haenyeo organizaron protestas masivas contra la opresión japonesa; la manifestación del 12 de enero de 1932 reunió a más de 4 000 personas, entre buceadoras y otros habitantes, y se convirtió en la mayor protesta civil de trabajadoras en la historia de Corea. Después de la Segunda Guerra Mundial, la isla vivió el “Incidente Jeju 4.3” (1948‑1949), un conflicto que dejó aproximadamente 30 000 muertos y provocó que muchas mujeres se volvieran Haenyeo para subsistir.
En 2016 la UNESCO declaró a las Haenyeo Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reconociendo su singularidad y su profundo vínculo con el mar.
Adaptaciones fisiológicas y genéticas

Las buceadoras realizan alrededor de 80 inmersiones diarias, desde la adolescencia hasta la vejez, y pueden aguantar la respiración hasta dos minutos bajo el agua. Gracias a años de entrenamiento, desarrollan el “sumbisori”, un silbido al exhalar que indica la contracción pulmonar y la inhalación rápida de aire. Además, el reflejo de buceo mamífero les permite reducir la frecuencia cardíaca y redistribuir la sangre a órganos vitales.
Investigaciones de la Universidad de California en Los Ángeles y la Universidad de Utah estudiaron el ADN de las Haenyeo y detectaron una variante genética asociada a una mayor presión arterial diastólica, lo que reduce el riesgo de preeclampsia durante el embarazo. También se identificó una variante relacionada con la resistencia al dolor y al frío, adaptaciones cruciales para su labor en aguas heladas.
En un estudio publicado en 2025 en Cell Reports, se compararon 30 Haenyeo de Jeju, 30 mujeres no buceadoras de la misma isla y 31 mujeres de Seúl. Todas las participantes de Jeju, independientemente de ser buceadoras, presentaron un bazo más grande que las de Seúl, lo que sugiere una posible influencia ambiental además de la genética.
Desgaste demográfico
En 1965 había más de 23 000 mujeres buceadoras en Jeju; para 1970 el número descendió a 14 000 y hoy se estima que apenas quedan unas 200. La mayoría son mayores de 60 años y continúan trabajando pese a la dificultad y el riesgo que implica la actividad. Las nuevas generaciones prefieren estudios universitarios y empleos menos peligrosos, lo que acelera la pérdida de esta tradición.
Las Haenyeo siguen organizándose en cooperativas que asignan zonas de pesca, como el “halmang bang” (mar de las abuelas) para buceadoras mayores y el “hakkyo bang” (mar de las escuelas), cuyas capturas se destinan a instituciones educativas locales. Cada mañana se reúnen en la costa, desayunan rápidamente y, alrededor de las ocho, se sumergen, a veces utilizando trajes de neopreno y equipos de buceo modernos.
Preservación cultural
Además de su labor económica, las Haenyeo mantienen viva una comunidad basada en la solidaridad y el intercambio. En sus reuniones alrededor del fuego, llamado “bulteok”, comparten historias, regalos de mariscos y discuten la gestión sostenible del entorno marino. El respeto por los ciclos de las especies y la recolección de desechos del fondo marino forman parte de su ética ambiental.
Si bien el número de buceadoras disminuye, su legado permanece a través de museos, estatuas y la creciente conciencia internacional. La combinación de tradición, ciencia y resistencia hace que las Haenyeo continúen siendo un símbolo poderoso de la relación entre la humanidad y el océano.
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