¿Me pueden dar un poco?: Trump da luz verde a investigaciones con drogas psicodélicas para usos medicinales
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó hoy un decreto que crea un marco federal para facilitar y acelerar la investigación clínica con compuestos psicodélicos como la psilocibina, el MDMA y el LSD. Estas sustancias, clasificadas durante décadas como de alto riesgo y sin valor terapéutico reconocido, no serán legalizadas para consumo recreativo, pero el nuevo marco marca un giro notable en la política de drogas del país, tradicionalmente basada en la prohibición.

El anuncio se produce en medio de un creciente consenso científico que cuestiona la clasificación estricta de los psicodélicos. Estudios recientes sugieren que, bajo condiciones controladas, estos compuestos pueden ser útiles en el tratamiento de trastornos como la depresión mayor, el trastorno de estrés postraumático (TEPT) y la ansiedad asociada a enfermedades terminales.
Marco del nuevo decreto
Durante la firma, el presidente Trump citó un estudio de 2024 realizado por la Universidad de Stanford, en el que 30 veteranos de operaciones especiales con lesiones cerebrales traumáticas fueron tratados con ibogaína. Según los investigadores, los participantes mostraron una reducción del 80 al 90 % en los síntomas de depresión y ansiedad en el transcurso de un mes.
Trump comentó con humor: “Aceptaré lo que sea. No tengo tiempo para deprimirme”. El podcaster Joe Rogan, quien ha defendido el uso de la ibogaína, declaró que la droga fue clave para convencer al mandatario de la necesidad de acelerar las investigaciones. “En 2024, más de 80 000 personas murieron por sobredosis de opioides en EE. UU. Con una dosis de ibogaína, más del 80 % de los pacientes se liberan de la adicción; con dos dosis, supera el 90 %”, afirmó Rogan, quien señaló que Trump respondió a su mensaje con “¡Suena genial! ¿Quieres la aprobación de la FDA? ¡Hagámoslo!”.
El decreto no solo simplifica los trámites regulatorios, sino que también asigna fondos específicos para la investigación. Texas ya destinó 50 millones de dólares a estudios sobre la ibogaína, y el gobierno federal anunció una inversión de 50 millones de dólares en su propio programa de investigación, aprobado la noche anterior.
Una de las piezas centrales del plan es la creación de un programa nacional de ensayos clínicos supervisados, en colaboración con instituciones académicas y los Institutos Nacionales de Salud (NIH). El objetivo es generar evidencia rigurosa sobre la seguridad, eficacia y mecanismos de acción de los psicodélicos, pasos imprescindibles para una eventual autorización de uso medicinal a nivel federal.
Robert F. Kennedy Jr., senador y defensor de la salud mental, elogió la medida: “Más de 14 millones de estadounidenses viven con una enfermedad mental grave. El suicidio ha aumentado más del 30 % en las últimas dos décadas, y entre los veteranos más de 6 000 se han quitado la vida cada año desde 2001. Esta decisión es un paso decisivo para enfrentar la crisis de salud mental de nuestra nación”.
Los estudios de neuroimagen han demostrado que compuestos como la psilocibina pueden modificar temporalmente la conectividad entre distintas regiones cerebrales, favoreciendo patrones de pensamiento más flexibles. Este efecto podría explicar por qué algunos pacientes experimentan mejoras duraderas después de una o pocas sesiones terapéuticas, a diferencia de los tratamientos convencionales que requieren administración continua.
A pesar del entusiasmo, el decreto impone restricciones estrictas. Las autoridades sanitarias recalcan que el uso de psicodélicos fuera de contextos clínicos controlados sigue siendo riesgoso. La dosis, el entorno y el estado psicológico del paciente son factores determinantes, por lo que el marco regulatorio incluye lineamientos rigurosos para la capacitación de terapeutas, la certificación de centros y el seguimiento a largo plazo de los pacientes.
Políticamente, la iniciativa enfrenta resistencia dentro del propio Partido Republicano y de sectores conservadores que temen una normalización del consumo de drogas. Algunos científicos advierten contra la generación de expectativas exageradas, recordando que la investigación con psicodélicos en los años 50 y 60 se vio abruptamente interrumpida por cambios políticos y culturales.
No obstante, la comunidad científica coincide en que la actualidad ofrece un enfoque más sólido y riguroso. Los protocolos actuales incorporan revisiones éticas, metodologías cuantitativas avanzadas y estándares de calidad que aumentan la confiabilidad de los resultados y facilitan su integración en los sistemas de salud formales. “Estos tratamientos experimentales han demostrado un potencial transformador para quienes padecen enfermedades mentales graves, incluidos nuestros veteranos”, reiteró Trump en la conferencia de prensa.
El presidente concluyó subrayando que la orden eliminará obstáculos burocráticos innecesarios, mejorará la colaboración entre la FDA y el Departamento de Asuntos de los Veteranos, y permitirá una reclasificación más ágil de cualquier fármaco psicodélico aprobado por la FDA.
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