La vacuna contra el ébola más prometedora lleva 15 años guardada en un cajón
Una vacuna experimental contra la cepa Bundibugyo del virus del Ébola, desarrollada en 2011 por el virólogo Thomas Geisbert, ha permanecido en un almacén de alta seguridad durante quince años. Ahora, frente al brote que afecta a la República Democrática del Congo y Uganda, los investigadores intentan determinar si esa fórmula podría detener la propagación del virus.
Desarrollo y desafíos de la vacuna rVSV‑Bundibugyo
Antecedentes
Desde principios de la década de 2000, el ejército de los Estados Unidos financió un proyecto de defensa biológica para crear una vacuna contra distintas cepas de Ébola, motivado por el temor de que el virus pudiera emplearse como arma bioterrorista. En 2003, el equipo de Geisbert demostró que una sola dosis de una vacuna basada en el virus de la estomatitis vesicular recombinant (rVSV) protegía a los monos contra la infección.
Ensayos en primates
En 2011, Geisbert y su equipo completaron una vacuna específicamente dirigida a la cepa Bundibugyo. Cuando se inocularon a tres monos cangrejeros con la vacuna y luego se expusieron al virus, ninguno desarrolló los síntomas típicos – fiebre, pérdida de peso, sangrado rectal y hemorragias nasales – mientras que dos tercios de los animales no vacunados fallecieron.
Situación actual
El brote de Bundibugyo que se ha desencadenado en la región centro‑oriental de África ha contagiado a cientos de personas y ha causado aproximadamente 200 muertes. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado la vacuna de Geisbert como la candidata más prometedora para una campaña de “vacunación en anillo”, una estrategia que protege a los contactos de los casos confirmados.
Sin embargo, la vacuna nunca se ha probado en humanos. La falta de financiación y de interés comercial la mantuvo fuera de los ensayos clínicos, a pesar de su eficacia demostrada en primates.
Financiamiento y próximos pasos
La iniciativa sin fines de lucro Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (CEPI) ha anunciado un aporte de hasta 3,2 millones de dólares para iniciar la producción del lote de candidato y preparar los ensayos en fase 1. La International AIDS Vaccine Initiative (IAVI) se encargará de la fabricación a escala piloto.
Según Geisbert, “contamos con datos de seguridad y una experiencia regulatoria previa de la vacuna rVSV contra la cepa Zaire; eso podría acelerar la autorización si los resultados en humanos son positivos”.
Los investigadores enfrentan además la dificultad de obtener muestras vivas del virus Bundibugyo, ya que la infraestructura del Congo dificulta la recolección y el transporte de sangre refrigerada a laboratorios internacionales. Aunque la secuencia del virus actual parece ser un 98 % idéntica a la de brotes anteriores, el 2 % de divergencia desconocida constituye un riesgo de reducción de la eficacia de la vacuna.
Si bien la vacuna aún no está disponible para la población, su existencia en el “cajón” brinda una esperanza de que, con el apoyo financiero adecuado y la pronta realización de ensayos clínicos, pueda convertirse en la herramienta clave para contener el actual brote y futuros episodios de Ébola Bundibugyo.
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