Nueve pasos a seguir para prevenir un ataque al corazón mediante una alimentación saludable
Según la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA), hasta el 80 % de las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares pueden prevenirse mediante una alimentación saludable y estilos de vida adecuados. En los Estados Unidos, más de la mitad de la población adulta y cerca del 60 % de los niños siguen patrones alimentarios poco saludables, lo que favorece la aparición de hipertensión, obesidad y, en consecuencia, aumenta el riesgo de mortalidad por causas cardiovasculares.

Con el objetivo de reducir esta tendencia, la AHA publicó en la revista Circulation su Guía Alimentaria 2026, que sintetiza nueve recomendaciones sencillas para adoptar un modelo de alimentación orientado a la prevención de afecciones del corazón.
Los nueve pasos para una alimentación cardioprotectora
- Equilibrar la ingesta calórica con el gasto energético. Consumir la cantidad de alimentos adecuada al nivel de actividad física permite mantener un peso corporal saludable.
- Incrementar el consumo de frutas y verduras. Se sugiere variar colores y texturas; incluso los productos enlatados o congelados pueden ser opciones nutritivas siempre que tengan bajo contenido de sodio y sin azúcares añadidos.
- Priorizar cereales integrales. Avena, pan integral, arroz integral y otros granos sin refinar son preferibles al pan blanco o al arroz pulido.
- Diversificar las fuentes de proteína. Favorecer alimentos de origen vegetal como legumbres, frutos secos y semillas; complementar con pescado, mariscos y lácteos bajos en grasa. Cuando se consume carne roja, elegir cortes magros, evitar productos ultraprocesados y moderar las porciones.
- Reducir la ingesta de grasas saturadas. Sustituirlas por grasas insaturadas presentes en frutos secos, semillas, aguacate y aceites vegetales no tropicales.
- Optar por alimentos lo más cercanos posible a su estado natural. Limitar al máximo los productos ultraprocesados, que se asocian a un mayor riesgo de enfermedades crónicas.
- Disminuir el consumo de azúcares añadidos. Elegir opciones más naturales y menos procesadas tanto en bebidas como en alimentos.
- Controlar la ingesta de sodio. Cocinar con poca sal y preferir productos bajos en este mineral; usar hierbas, especias o jugo de limón para aportar sabor sin comprometer la salud.
- Consumir alcohol con moderación o abstenerse. El consumo excesivo eleva la presión arterial y aumenta el riesgo de problemas de salud; si se bebe, hacerlo de forma limitada.
La guía destaca que estas recomendaciones no son prescripciones estrictas, sino orientaciones flexibles que pueden adaptarse a las preferencias, el presupuesto y la etapa de vida de cada persona. Además, subraya la importancia de iniciar hábitos cardioprotectores desde la infancia, incluso desde el primer año de vida, ya que los factores de riesgo pueden comenzar a desarrollarse antes del nacimiento.
Complementar una dieta equilibrada con actividad física regular y evitar el consumo de tabaco completa el conjunto de medidas que, según los expertos, pueden marcar una diferencia significativa en la salud cardiovascular a lo largo de toda la vida.
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