¿Realmente internet nos volvió más infieles?

La tecnología ha transformado la forma en que se inician, intensifican y descubren las infidelidades, pero los motivos humanos que impulsan el engaño siguen siendo los mismos. Cuando una figura pública sufre una traición, el debate sobre la confianza se extiende rápidamente en internet, como ocurrió recientemente cuando la rapera Megan Thee Stallian comentó en sus historias de Instagram que el jugador de la NBA Klay Thompson le había sido infiel. En cuestión de horas, la conversación pasó de la compasión a la reflexión existencial: si a una celebridad le ocurre, ¿qué podemos esperar del resto de la población?

La infidelidad no es un fenómeno nuevo; sin embargo, la infraestructura digital ha alterado su velocidad, escala y visibilidad. Las aplicaciones de citas ofrecen un número prácticamente ilimitado de opciones, los algoritmos descubren constantemente nuevos perfiles y los teléfonos móviles crean canales de comunicación privados que nunca abandonan nuestras manos. En resumen, la tecnología no inventó la infidelidad, simplemente la hizo más accesible y fácil de documentar.

¿Por qué seguimos siendo infieles?

Según la psicoterapeuta y autora Esther Perel, la gente no engaña únicamente porque sea infeliz, sino porque cree que podría ser más feliz en otro lado. El “césped siempre parece más verde” y las expectativas sobre lo que una pareja puede ofrecer a menudo resultan insuficientes. Los factores que suelen motivar una traición incluyen la búsqueda de novedad, resentimiento, necesidades emocionales no satisfechas, validación del ego, evasión y oportunidad.

Expertas como la psicóloga clínica Linda Sakr y la psicóloga Rita Figueiredo destacan que la impulsividad y la gratificación instantánea se ven potenciadas por la disponibilidad constante de alternativas en línea. Además, la definición de infidelidad ha evolucionado: ya no se trata solo de actos físicos, sino de cualquier comportamiento secreto que rompa un acuerdo implícito entre la pareja, como “dar like” a fotos, intercambiar mensajes íntimos o mantener una conexión emocional con otra persona.

Puntos Clave
  • La tecnología no inventó la infidelidad, pero la ha vuelto más acces

Figueiredo identifica tres pilares que constituyen una “aventura” sin contacto físico: el secreto, la química y la implicación emocional. La mayoría de las parejas no negocian explícitamente estos límites, lo que permite que uno de los miembros cruce la línea sin que la otra parte lo perciba.

Los estudios académicos confirman que la probabilidad de volver a engañar aumenta significativamente tras una primera infidelidad. Una investigación de la Universidad de Denver mostró que las personas que han sido infieles una vez tienen tres veces más probabilidades de repetir el acto, aunque la mayoría no lo hace. El contexto, las circunstancias y la persona con la que se está involucrado influyen decisivamente en el resultado.

Por otro lado, el descubrimiento digital de una traición suele ser más doloroso que el hallazgo de una infidelidad tradicional. Entre el 30 % y el 60 % de las parejas descubiertas presentan síntomas de trastorno de estrés postraumático, ya que la evidencia (mensajes, fotos, ubicaciones GPS) es explícita y difícil de negar. Revisar el teléfono de la pareja genera hipervigilancia y ansiedad, a menudo deteriorando la confianza de forma irreversible.

El auge de los “podcasters” de inteligencia artificial que ofrecen consejos de pareja también ha añadido una capa de desinformación. Estos contenidos refuerzan estereotipos de género y venden cursos de influencers, mientras que la verdadera solución sigue residiendo en establecer límites claros, expectativas compartidas y conversaciones abiertas que la mayoría de las parejas evita hasta que la crisis los obliga a enfrentar.

Finalmente, la aparición de relaciones con bots y la creciente dependencia de la IA como “compañero” o “terapeuta” abre una nueva frontera en la infidelidad emocional. Cuando una persona comienza a confiar en una entidad digital para satisfacer sus necesidades afectivas, se crea un vínculo que, aunque no físico, puede erosionar la relación principal.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

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