¿Los empleados de Palantir descubren que sirven al lado oscuro?

En los primeros meses del segundo mandato de Donald Trump, los empleados de Palantir empezaron a cuestionar la alineación de la empresa con la política migratoria del gobierno. La compañía, fundada con capital semilla de la CIA después del 11‑S y co‑fundada por Peter Thiel, había pasado a ser la columna vertebral tecnológica del Departamento de Seguridad Nacional (DHS), ofreciendo software que identificaba, rastreaba y facilitaba la deportación de inmigrantes.

Fue entonces cuando dos ex‑empleados volvieron a contactar por teléfono y, al iniciar la conversación, uno de ellos preguntó: “¿Estás siguiendo el descenso de Palantir al fascismo?”. El otro respondió que no se trataba simplemente de una cuestión impopular, sino de una convicción de que algo no estaba bien.

Inquietudes internas y la relación con ICE

Durante los últimos veinte años, Palantir había tolerado críticas externas y conversaciones incómodas entre empleados y sus círculos personales. Sin embargo, la profundización de los lazos con la administración de Trump, especialmente con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), desencadenó una oleada de preguntas dentro de la compañía. Los trabajadores comenzaron a debatir sobre el papel que desempeñaban en la “guerra contra los inmigrantes”, el conflicto en Irán y la posible implicación de la empresa en ataques militares estadounidenses.

Un portavoz de Palantir declaró que la empresa “no es un monolito de creencias” y que fomenta un “diálogo interno feroz”. No obstante, un ex‑empleado entrevistado por WIRED explicó que, tras el 11‑S, la compañía había anticipado un impulso a la seguridad que podría vulnerar libertades civiles, y que ahora la amenaza parecía venir desde dentro de la propia organización.

En enero, la muerte del enfermero Alex Pretti a manos de agentes federales durante protestas contra ICE en Minneapolis provocó una explosión de mensajes en Slack. Los empleados exigieron a la dirección y al CEO Alex Karp mayor claridad sobre la relación de Palantir con la agencia migratoria.

“Nuestra implicación con ICE se ocultó demasiado durante la segunda administración Trump”, escribió un trabajador en Slack. “Necesitamos que se entienda nuestra participación en este asunto”.

En respuesta, la empresa comenzó a eliminar mensajes de los canales internos después de siete días, una medida que no se comunicó previamente. Un miembro del equipo de ciberseguridad justificó la acción como una reacción a filtraciones.

Palantir publicó entonces una wiki interna que recopilaba entradas de blog explicando el contrato con ICE y defendía que su tecnología “marca la diferencia al mitigar riesgos y posibilitar resultados específicos”. Además, organizó varias sesiones de preguntas y respuestas (AMA) con líderes como el director de tecnología Shyam Sankar y el equipo de Privacidad y Libertades Civiles (PCL).

Puntos Clave
  • Los empleados de Palantir empezaron a cuestionar la alineación de la empresa con la política migratoria de la administración Trump, especialmente su papel en la identificación y deportación de inmigrantes mediante software para el DHS e ICE
  • Ex‑empleados describieron la situación como un “descenso al fascismo”, señalando que la empresa estaba involucrada en la “guerra contra los inmigrantes” y potencialmente en operaciones militares como el conflicto en Irán
  • Palantir, fundada con capital semilla de la CIA y co‑fundada por Peter Thiel, ha sido criticada durante veinte años, pero la profundización de sus lazos con la administración de Trump intensificó el debate interno sobre libertades civiles y derechos humanos
  • La muerte del enfermero Alex Pretti a manos de agentes federales durante protestas contra ICE desencadenó una oleada de mensajes en Slack, evidenciando la creciente preocupación y el diálogo interno feroz entre los empleados.

En una de esas sesiones, una empleada de PCL, que había trabajado directamente en el contrato con ICE, advirtió que “un cliente suficientemente malintencionado es, básicamente, imposible de prevenir en este momento”. La única forma de controlarlo, según indicó, sería mediante auditorías y acciones legales posteriores si se violara el contrato.

Otro empleado señaló que el proyecto con ICE era una prioridad para Karp y que, a pesar de los intentos de los internos por redirigir la estrategia, “parece que vamos por buen camino para seguir ampliando este flujo de trabajo”. Cuando Karp fue entrevistado por la propia Bowen del equipo PCL, se negó a abordar directamente el tema y pidió a los empleados que firmaran acuerdos de confidencialidad para obtener más información.

El debate interno se intensificó después del ataque con misiles del 28 de febrero contra una escuela primaria en Irán, donde murieron más de 120 niños. Investigaciones señalaron que el ejército de EE. UU. utilizó herramientas de vigilancia, incluido el sistema Maven de Palantir, durante el operativo. Un trabajador preguntó en Slack: “¿Estuvimos implicados y estamos haciendo algo para que no se repita?”. La discusión se dividió entre quienes consideraban la pregunta legítima y quienes la catalogaron como divulgación de información clasificada.

El portavoz de Palantir declaró que la empresa estaba “orgullosa” de apoyar al ejército estadounidense “a través de administraciones democráticas y republicanas”.

En marzo, Karp concedió una entrevista a CNBC donde insinuó que la inteligencia artificial podría debilitar el poder de los votantes demócratas con formación en humanidades y favorecer a los votantes masculinos de clase trabajadora. Dentro de la compañía, empleados cuestionaron la afirmación, preguntando si era aceptable que la IA afectara desproporcionadamente a mujeres y a quienes votan por los demócratas.

La controversia volvió a escalar en junio, cuando Palantir publicó un resumen de 22 puntos del libro de Karp “La República Tecnológica”. El documento, que reiteraba ideas como la reinstauración del servicio militar obligatorio en EE. UU., fue calificado de “fascista” por varios empleados. En un hilo de Slack, un trabajador escribió: “Publicar esto en la cuenta oficial de la empresa dificulta la venta de nuestro software fuera de EE. UU. en el clima político actual”. El mensaje recibió más de 50 reacciones “+1”. Otro colega comentó: “Esto nos afecta a todos personalmente”.

Según un empleado actual, la cultura interna sigue siendo cautelosa respecto a filtraciones y a hablar con la prensa, aunque la presión interna ha aumentado significativamente en el último año.

Alex Karp, por su parte, ha manifestado que la empresa está “por detrás de la curva internamente” en términos de popularidad y ha reiterado que “si tienes un puesto en el que no te cuesta perder nunca un empleo, no es un puesto”. Esta postura parece no haber mitigado el descontento entre los empleados, que ahora perciben una brecha cada vez mayor entre la dirección y sus preocupaciones éticas.

Javier Mendoza Silva
Javier Mendoza Silva Periodista

Licenciado en Comunicación Social con mención en Periodismo por la Universidad Central de Venezuela. Tiene 12 años de experiencia en cobertura de política nacional y conflictos sociales, con enfoque en derechos humanos. Ha trabajado para medios impresos, digitales y radiofónicos en Latinoamérica.

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