La música que amas puede hacerte 20% mas resistente en el gimnasio
Una investigación reciente realizada por la Universidad de Jyväskylä, en Finlandia, y colaboradores internacionales ha demostrado que escuchar la música favorita durante el entrenamiento puede aumentar la resistencia física en torno al 20 %. En un estudio con 29 adultos sanos (15 hombres y 14 mujeres, edad media 34 años) que practican ejercicio de forma recreativa, los participantes pedalearon en bicicleta estática hasta el punto de fatiga en dos sesiones distintas: una con música y otra sin ella.
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Resultados del experimento
Los sujetos eligieron libremente canciones de Spotify con un tempo de 120 a 140 pulsaciones por minuto y escucharon la música a un nivel de 70‑75 dB mediante auriculares supraaurales. En la condición con música, el tiempo medio hasta alcanzar el límite de esfuerzo fue de 35,6 minutos, mientras que sin música fue de 29,8 minutos. Esa diferencia de 5,8 minutos corresponde a una mejora aproximada del 20 % en la duración del entrenamiento.
Lo sorprendente del hallazgo es que, a pesar de entrenar durante más tiempo, no se observaron diferencias significativas en la frecuencia cardíaca, el consumo de oxígeno, la percepción del esfuerzo (RPE) ni los niveles de lactato en sangre al finalizar la sesión. En otras palabras, la música no modificó la eficiencia metabólica, sino que permitió a los participantes prolongar el ejercicio antes de llegar al mismo punto de fatiga fisiológica.
Mecanismos propuestos

- Distracción atencional: Centrar la atención en la música reduce la percepción de sensaciones corporales desagradables, como la fatiga muscular o la falta de aire, posponiendo el impulso de detenerse.
- Activación de circuitos de recompensa: La música favorita estimula áreas cerebrales relacionadas con el placer, como el área tegmental ventral y el núcleo accumbens, lo que hace que el esfuerzo físico parezca más gratificante.
El estudio también reveló que los efectos positivos de la música fueron independientes del nivel de condición física de los participantes. Tanto los sujetos con mayor consumo máximo de oxígeno como los con menor capacidad aeróbica mostraron aumentos similares en la resistencia cuando escuchaban su música preferida.
Según el investigador principal, Andrew Danso, “la música no mejora mágicamente la condición física ni impone una carga extra al corazón; simplemente ayuda a soportar el estrés sostenido durante períodos más prolongados. Es una herramienta sencilla y gratuita para aumentar la eficacia del entrenamiento”.
Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud pública, ya que podrían facilitar la adherencia a programas de ejercicio y contribuir a la prevención de enfermedades relacionadas con el estilo de vida, como la obesidad y los trastornos cardiovasculares. Crear una lista de reproducción con las canciones favoritas podría ser una forma práctica de potenciar la duración y la calidad de los entrenamientos diarios.
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