¿Necesitamos un Observatorio independiente del Ecosistema Digital?
El surgimiento del Grupo de Análisis y Discusión del Ecosistema Digital (GED) en Uruguay ha inspirado a varios analistas de la región a reflexionar sobre la ausencia de un observatorio independiente en Colombia y a cuestionar la neutralidad de los gremios y de la Comisión de Regulación de Comunicaciones (CRC).
Un nuevo modelo de pensamiento independiente
GED es una iniciativa impulsada por siete destacados profesionales uruguayos que buscan crear un think tank independiente, capaz de generar documentos objetivos y pragmáticos sobre el sector de telecomunicaciones y las TIC en Uruguay. Según su co‑fundador Mauro Ríos, el país cuenta con una institucionalidad pública, privada y académica especializada, pero carece de una voz consultiva que ofrezca opiniones sin interferencias de intereses sectoriales. Ríos explicó que “en el ámbito público no existen instituciones consultivas; en el privado los conglomerados temen que una opinión pueda afectar a sus afiliados, y la academia, aunque talentosa, carece de una posición institucional”. El objetivo de GED es ocupar ese vacío, ofreciendo análisis de libre acceso y sirviendo como referencia para decisiones de política digital.
El analista colombiano Nicola Stornelli, autor de la columna en ImpactoTIC, destaca la similitud entre los contextos de Uruguay y Colombia y recuerda conversaciones con figuras del sector colombiano como el fallecido Julián Cardona Castro y el pionero Guillermo Santos Calderón. Santos, ingeniero de sistemas y creador de la revista *Enter*—la primera publicación colombiana dedicada a tecnología y TIC—continúa escribiendo una columna quincenal para El Tiempo. Ambos habían señalado, ya en 2006 y 2013 respectivamente, la necesidad de un observatorio sectorial en Colombia.
En Colombia existen numerosas asociaciones y organizaciones civiles que abordan el ecosistema digital, pero la mayor parte de ellas no goza de plena independencia ni objetividad, pues sus posiciones suelen alinearse con los intereses de los grandes operadores y del gobierno de turno.
La CRC, organismo regulador del sector, es frecuentemente señalada por su falta de autonomía, dado que su consejo incluye al ministro de TIC y a un representante presidencial. Informes de la OCDE han recomendado al Gobierno colombiano reforzar la independencia de la CRC, pero hasta la fecha no se han implementado cambios sustanciales. Un análisis reciente de la comisión subrayó que, pese a las reformas de 2019 que introdujeron sesiones duales y mandatos no renovables, “la presencia del ministro de TIC y de un representante presidencial en el consejo implica que los actores políticos siguen desempeñando un papel formal en la toma de decisiones”.
El Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (CINTEL), creado en 1991 bajo el auspicio de Colciencias y el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MINTIC), también ha sido mencionado como un referente de investigación. Fundado por la antigua Telecom, diversas teleasociaciones y universidades como los Andes, del Cauca, del Valle, la Nacional y la Pontificia Bolivariana, CINTEL es reconocido como Centro de Innovación y Productividad (CIP) por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Aunque ha impulsado importantes estudios y es el organizador del congreso ANDICOM, no se considera un think tank “in strictu sensu”, y su origen institucional limita su capacidad para pronunciarse con total independencia.
En cuanto al órgano consultivo oficial, la Asociación Colombiana de Ingenieros de Telecomunicaciones (ACIEM) está reconocida como Cuerpo Técnico Consultivo del Gobierno Nacional desde la Ley 51 de 1986. Sin embargo, el reconocimiento ha sido mayormente honorífico, sin un procedimiento obligatorio que obligue al Ejecutivo a solicitar su opinión antes de tomar decisiones sectoriales. En la práctica, ACIEM responde a convocatorias abiertas de MinTIC, ANE o CRC, igual que cualquier otro actor del sector. ACIEM ha participado en procesos de consulta sobre calidad, conectividad en áreas remotas, espectro, entre otros, pero su influencia sigue siendo limitada.
Otros gremios como Asomóvil, Andesco, CCIT, Asotic, la Cámara de la Industria Digital de la ANDI y la Vicepresidencia de Transformación Digital de la misma, así como la BPrO, son actores relevantes que, además de producir documentos y análisis, ejercen presión de cabildeo en favor de sus intereses. Asomóvil, que reunía a los tres operadores móviles más grandes (Movistar, Claro y Tigo), se encuentra en una etapa de incertidumbre tras la unión de Movistar y Tigo.
En la reciente subasta del 5G, la falta de una verdadera discusión técnica quedó evidenciada. Los pliegos colombianos no exigieron la arquitectura Stand‑Alone, lo que permitió a los operadores desplegar el 5G como una extensión del 4G, sin aprovechar plenamente características como “network slicing”, latencia ultra‑baja y automatización. El único avance notable fue la puesta en marcha de la empresa brasileña que ofreció la tecnología Stand‑Alone.
Las organizaciones no gubernamentales y los grupos académicos también aportan al debate. Destacan la Fundación Karisma, dirigida durante años por Carolina Botero, y los equipos de investigación de la Universidad Javeriana, la Universidad ICESI y la Universidad del Valle, entre otros.
En conclusión, la falta de un organismo verdaderamente independiente que ofrezca análisis objetivo y consultivo sigue siendo una brecha importante en el ecosistema digital colombiano. Potenciar la autonomía de ACIEM y crear estructuras similares a GED podrían ser pasos clave para cerrar ese vacío.
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