Cientos de extrañas tumbas de miles de años de antigüedad, con restos humanos y de animales, son halladas gracias a satélites
Un equipo de arqueólogos ha descubierto 260 recintos funerarios circulares en el desierto de Atbāy, en Sudán. Las estructuras, cuya datación oscila entre los años 4 500 y 2 500 a.C., pertenecen a una cultura aún desconocida, pero comparten un diseño característico: un muro circular de piedra que rodea varias sepulturas humanas y de animales, organizadas alrededor de un entierro central que probablemente correspondió a una figura importante de la comunidad.

El hallazgo, publicado en la revista *African Archaeological Review*, se realizó mediante el análisis sistemático de imágenes satelitales de Google Earth y Bing. Aunque algunos monumentos similares habían sido documentados en investigaciones anteriores, el uso de la observación satelital a gran escala permitió identificar cientos de nuevos recintos, demostrando que esta tradición funeraria era mucho más extensa y organizada de lo que se había estimado.
Características de los Atbai Enclosure Burials (AEB)
Los arqueólogos denominan a estas estructuras “Atbai Enclosure Burials” (AEB). Los recintos varían en tamaño, desde algunos pocos metros hasta más de 80 metros de diámetro. En su interior se han encontrado enterramientos humanos acompañados de restos de animales domésticos, principalmente vacas, ovejas y cabras, una práctica típica de sociedades pastoralistas del noreste de África y del Cercano Oriente, cuya identidad, economía y cultura giraban en torno al ganado.
En la época en que se construyeron los AEB, el clima del desierto de Atbāy era diferente al actual. Aunque la zona ya era árida, conservaba indicios de abundante agua, vestigios de un periodo en que el Sahara era verde. El posterior cambio climático redujo ríos y lagos, obligando a las poblaciones a dispersarse y a replantearse la cantidad y el tipo de ganado que podían mantener.
Los investigadores observaron que muchos de los enterramientos se sitúan en posiciones topográficas favorables para el acceso al agua, en lugar de distribuirse uniformemente por todo el desierto. Este patrón sugiere que los antiguos habitantes colocaron deliberadamente los AEB cerca de fuentes de agua, lo que habría facilitado tanto la vida cotidiana como los rituales funerarios.
Aún queda mucho por explorar. El equipo destaca la necesidad de excavar numerosos recintos para precisar sus fechas exactas, entender su función ritual y determinar su relación con otras culturas del valle del Nilo y del Sahara. La tarea es urgente, ya que muchas de estas estructuras están amenazadas por saqueadores y conflictos locales.
En conjunto, el descubrimiento de estos cientos de nuevos sitios subraya que el desierto de Atbāy funcionó como un corredor cultural entre Egipto y Nubia, donde comunidades capaces de erigir monumentos duraderos y de mantener rituales complejos prosperaron en un entorno cada vez más hostil.
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