La confianza digital cruza fronteras: Bogotá acoge la cumbre global que define el futuro de la identidad interoperable
Bogotá acogió la edición 2026 del CSC Trust Without Borders Summit, un encuentro internacional impulsado por el Cloud Signature Consortium (CSC) que reunió a líderes de la industria tecnológica, académicos, reguladores y representantes de políticas públicas de Europa, América Latina y otras regiones. El objetivo central del evento fue avanzar en marcos técnicos y regulatorios que permitan la interoperabilidad de identidades digitales, firmas electrónicas y sistemas de verificación entre distintas jurisdicciones, garantizando que la confianza pueda viajar sin fronteras.

Desafíos y oportunidades de la confianza digital
Igor Marcolongo, director de Evolución de Negocio de Tinexta InfoCert y miembro de la junta del CSC, advirtió que la confianza digital está siendo atacada desde dentro: la inteligencia artificial, las campañas de desinformación y los ciberataques potenciados por IA erosionan el tejido mismo de la realidad. Citó proyecciones de Gartner que indican que, para 2028, el 50 % de las decisiones empresariales de alto nivel serán tomadas por agentes de IA autónomos, y que, en 2027, el 40 % de los proyectos de automatización podrían detenerse por problemas de privacidad. “Si la verdad está en peligro, las bases de esas decisiones pueden ser alteradas”, señaló Marcolongo, añadiendo que la identidad no humana —de objetos, sistemas y agentes digitales— será el próximo gran reto.
Jean Everson Martina, profesor asociado de Ciencias de la Computación de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC, Brasil), ofreció una comparativa entre América Latina y Europa. Subrayó que el verdadero desafío no es digitalizar documentos, sino digitalizar la confianza. “Podemos enviar hoy un documento de Bogotá a Bruselas en fracciones de segundo, pero eso es el documento, no la confianza”, afirmó.
Martina explicó que la barrera real es legal, técnica, de supervisión y de evidencia. En Europa, el Reglamento eIDAS (UE 910/2014) y su evolución eIDAS II han convertido soluciones nacionales fragmentadas en un ecosistema transfronterizo coherente. En contraste, describió a América Latina como una región con alta práctica pero desigual: Brasil, por ejemplo, registra más de 165 millones de identidades en su sistema público y ha procesado 500 millones de documentos firmados digitalmente, pero su ecosistema aún dificulta la interoperabilidad internacional. Su propuesta para cerrar la brecha se basa en el reconocimiento mutuo y la negociación técnica: “No necesitamos transformar todo el ecosistema latinoamericano para que sea europeo; solo reconocer que la información ya está allí y facilitar su uso”.
Leonardo Maldonado, director de Líneas Técnicas de GSD, presentó casos de uso donde la interoperabilidad ya está en marcha:
- Credencial de Viaje Digital (DTC) de la ICAO, que permite verificar la identidad en fronteras mediante el teléfono móvil; los pilotos actuales operan entre Finlandia‑Croacia y Países Bajos‑Canadá.
- Licencia de conducción móvil basada en el estándar ISO 18013‑5, con potencial de adopción global.
- Pasaportes Digitales de Producto (DPP) para exportadores de Brasil y Argentina que comercializan baterías a la Unión Europea; se exigirán firmas con sellos cualificados bajo eIDAS antes de 2027.
En la discusión sobre seguridad futura, Martina lanzó una alerta sobre la necesidad de adoptar criptografía poscuántica. Advierte que las infraestructuras actuales de confianza digital podrían quedar obsoletas antes de completarse si no se incorpora criptografía resistente a computadoras cuánticas, señalando que la computación cuántica representa no solo una amenaza de seguridad, sino un desafío de continuidad para todos los sistemas de verificación vigentes.
La apertura del evento, a cargo de Alejandro Obregón, CEO de GSE, recordó una lección histórica: cuando Malcolm McLean estandarizó el contenedor de carga en 1956, no triunfó por ser el mejor diseño, sino porque un número suficiente de actores acordó usarlo. “El valor no está en el estándar en sí; el valor está en la confianza que ese estándar crea entre partes que nunca se han conocido”, concluyó, aplicando la analogía a la firma electrónica y la identidad digital.
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