La extraña relación entre exponernos a la luz del día y la probabilidad de desarrollar demencia
Un amplio estudio británico que analizó a 87 557 personas descubrió que la mayor exposición a la luz natural durante el día está asociada a un menor riesgo de desarrollar demencia en los años posteriores.
Detalles del estudio
Los investigadores siguieron a los participantes, con una edad media de 62 años, durante ocho años. Cada uno llevó un sensor de luz en la muñeca que registró la intensidad lumínica recibida tanto de día como de noche.
Los resultados mostraron que quienes tuvieron una exposición promedio superior a 1 000 lux presentaron un 16 % menos de probabilidades de padecer demencia en comparación con quienes permanecieron por debajo de ese umbral. Una intensidad de 1 000 lux equivale, por ejemplo, a caminar al aire libre en una mañana nublada o a trabajar cerca de una ventana bien iluminada.
Para ponerlo en perspectiva, la iluminación típica de una oficina o una vivienda oscila entre 300 y 500 lux, mucho menos que el nivel asociado a la reducción del riesgo. Además, los modelos predictivos del estudio identificaron que recibir menos de 42 minutos al día de luz intensa (más de 5 000 lux) aumentaba el riesgo de demencia con una importancia comparable a la obesidad, el consumo de alcohol o la contaminación atmosférica.
[shark_highlights items="Mayor exposición a luz natural (>1 000 lux) se asoció con un 16 % menos de riesgo de demencia en comparación con quienes estuvieron por debajo de ese umbral|Quienes recibieron menos de 42 min diarios de luz intensa (>5 000 lux) presentaron un aumento del riesgo comparable al de la obesidad, el consumo de alcohol o la contaminación atmosférica|El efecto protector fue más marcado en portadores del alelo APOE ε4, reduciendo su riesgo entre un 19 % y un 27 % según la medida utilizada|El estudio es observacional, por"]
El efecto protector fue aún más pronunciado en los portadores del alelo APOE ε4, la variante genética más vinculada al Alzheimer. En este grupo, una mayor exposición a la luz redujo el riesgo entre un 19 % y un 27 %, según la medida utilizada, aunque el estudio no estaba diseñado específicamente para analizar la enfermedad de Alzheimer.
Es importante señalar que el diseño del estudio es observacional. Por ello, la asociación encontrada entre la exposición lumínica y la demencia no implica una relación causal directa. En otras palabras, aumentar la exposición al sol no se ha demostrado que prevenga la demencia, y hacerlo sin protección adecuada podría incrementar el riesgo de cáncer de piel.
Una posible explicación se centra en el sistema circadiano, el conjunto de mecanismos biológicos que regulan los ciclos de sueño y vigilia. La luz del día es la señal principal que sincroniza nuestro reloj interno, y las alteraciones circadianas son frecuentes en personas con demencia, pudiendo contribuir al deterioro cognitivo.
La relación entre la luz y la salud no es nueva. Investigaciones previas han vinculado una mayor exposición a la luz diurna con un mejor estado de ánimo, menor riesgo de depresión y una regulación más estable de los ritmos de sueño. La terapia con luz brillante, de hecho, forma parte del tratamiento de algunos trastornos afectivos y desajustes del reloj biológico.
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