Los humanos hemos usado fuego desde mucho antes de lo que pensábamos
Un nuevo estudio ha encontrado evidencia de que los primeros humanos controlaban el fuego entre 1,79 y 1,07 millones de años atrás, mucho antes de lo que se creía. El hallazgo proviene de la cueva Wonderwerk, situada en el desierto del Kalahari, en Sudáfrica, y se basa en fósiles de huesos carbonizados hallados en estratos muy profundos de la cueva.
Hasta ahora, los restos más antiguos que indicaban el uso del fuego databan de alrededor de un millón de años. La reciente investigación, sin embargo, sugiere que la práctica comenzó al menos 800 000 años antes, lo que obliga a reconsiderar la cronología de uno de los hitos más relevantes de la evolución humana.
Métodos de análisis y resultados clave
Los investigadores trabajaron con los sedimentos de las capas 10 y 11, correspondientes al Paleolítico Inferior, que se encuentran en el sector denominado “Área de Excavación 1”. La capa 11, la más profunda, se formó entre 1,79 y 1,07 millones de años. En esa zona los restos óseos estaban ubicados a unos 30 metros del acceso de la cueva, una distancia demasiado grande como para que un incendio natural, como un rayo o un incendio forestal externo, llegara allí sin intervención humana.
Para confirmar la presencia de fuego, el equipo utilizó una versión mejorada del análisis de luminiscencia. Al iluminar los huesos sospechosos con luz azul y observarlos a través de un filtro que solo deja pasar una banda específica de longitud de onda, los huesos que habían sido expuestos a altas temperaturas emitían una luz rojiza. Este método, no destructivo y portátil, permitió analizar directamente 32 huesos de la capa 11, confirmando que todos mostraban trazas de combustión.
Los huesos carbonizados pertenecían a pequeños animales que formaban parte de las egagrópilas del búho real, una ave rapaz. Las egagrópilas son acumulaciones de material no digerido –huesos, plumas, pelo– altamente inflamables. Los autores proponen que los primeros humanos transportaron fuego desde el exterior, lo introdujeron en la cueva y lo mantuvieron alimentado con esas egagrópilas, lo que provocó la carbonización de los huesos.
El hallazgo no demuestra que estos homínidos supieran producir fuego por sí mismos; sin embargo, sí evidencia que pudieron recoger llamas naturales, trasladarlas al interior de la cueva y mantenerlas encendidas de manera deliberada, marcando un importante paso en la manipulación del entorno.
“Estos descubrimientos nos muestran que los primeros seres humanos no se limitaban a observar pasivamente los fuegos naturales. Interactuaban activamente con el fuego y lo incorporaban a su vida cotidiana”, explica Riola Korska‑Howitz, coautora del estudio y directora del proyecto de la cueva Wonderwerk.
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