Reprogramar el sistema inmunitario es la nueva apuesta para controlar el VIH
Una terapia que ha demostrado ser eficaz contra varios tipos de cáncer ahora está siendo reutilizada para intentar controlar el VIH. En un estudio piloto, dos personas que recibieron una única infusión de células inmunitarias modificadas lograron mantener niveles indetectables del virus sin necesidad de la terapia antirretroviral tradicional.

El ensayo clínico, presentado en la reunión anual de la Sociedad Estadounidense de Terapia Génica y Celular en Boston, consistió en extraer las células T de los pacientes, reprogramarlas en el laboratorio para que reconocieran y atacaran el VIH y volver a infundirlas. Después del tratamiento, una de las personas ha permanecido sin detectar el virus durante casi dos años y la otra durante casi un año, ambas sin tomar medicación antirretroviral.
Cómo funciona la terapia CAR‑T contra el VIH
La técnica, conocida como terapia celular CAR‑T, consiste en modificar genéticamente las células T del propio paciente para que expresen receptores quiméricos de antígenos (CAR) en su superficie. Estos receptores actúan como “antenas” que permiten a las células T identificar y destruir de forma específica las células que presentan los antígenos objetivo. En el caso del cáncer, el objetivo son proteínas presentes en la superficie de las células tumorales; para el VIH, los científicos han diseñado CAR que reconocen dos regiones distintas del virus, dificultando que éste escape al sistema inmune.
El proceso requiere la recolección de grandes volúmenes de sangre del paciente, la separación de las células T, su modificación en un laboratorio especializado y, finalmente, la reinfusión de las células CAR‑T. El procedimiento completo puede tardar varias semanas y, en la actualidad, las terapias CAR‑T aprobadas en EE. UU. tienen un coste que oscila entre 300 000 y 475 000 dólares, lo que las vuelve inaccesibles para la mayoría de los 40 millones de personas que viven con VIH en el mundo.
En el estudio participaron nueve pacientes que ya estaban bajo tratamiento antirretroviral antes de la infusión. Un primer grupo de tres recibió únicamente las células CAR‑T, sin el fármaco de acondicionamiento que ayuda a que las células modificadas se expandan. Como se anticipó, estos pacientes experimentaron un rebote viral en cuestión de semanas.
Los seis restantes fueron pretratados con el fármaco de acondicionamiento y recibieron diferentes dosis de células CAR‑T. Tres de ellos, que habían iniciado la terapia antirretroviral en una fase avanzada de la infección, presentaron un rápido rebote del virus y tuvieron que retomar la medicación. Los otros tres, que comenzaron el tratamiento antirretroviral poco después del diagnóstico, mostraron resultados más prometedores: dos mantuvieron la supresión viral durante 10 y 20 meses, respectivamente, mientras que el tercero logró una supresión de dos meses antes de que el virus volviera a aparecer.
“Estamos en los primeros días. Si podemos demostrar que este método es seguro y eficaz, hay muchas formas de optimizarlo para hacerlo más asequible y escalable”, señaló Steven Deeks, profesor de medicina y especialista en VIH de la Universidad de California en San Francisco, quien dirigió el ensayo.
Andrea Gramatica, vicepresidenta de investigación de amfAR, agregó que la investigación ofrece “una pista real y clínica de que enseñar al sistema inmunitario a controlar el virus sin terapia antirretroviral es factible”.
Históricamente, menos de una docena de casos documentados de remisión sostenida del VIH —conocida como “cura funcional”— se han logrado mediante trasplantes de médula ósea de donantes con la mutación genética CCR5, que impide que el virus infecte las células. El caso más famoso es el del “paciente de Berlín”, Timothy Ray Brown, que se curó en 2008 tras recibir una médula ósea con esa mutación. Sin embargo, los trasplantes de médula ósea no son una solución escalable debido a los riesgos y la complejidad del procedimiento.
Boro Dropulić, director ejecutivo de la organización sin fines de lucro Caring Cross, explicó que la terapia CAR‑T busca replicar el efecto de esos trasplantes sin necesidad de un donante ni de cáncer subyacente: “Diseñamos deliberadamente ese resultado, eliminando la necesidad de un cáncer o de un donante específico”.
Aunque la técnica aún está en fase experimental y se prevé que pasen varios años antes de que esté disponible de manera general, los investigadores están trabajando en métodos para generar las células CAR‑T directamente dentro del cuerpo, lo que permitiría prescindir de los complejos pasos de fabricación. “En teoría, se podrían producir estas células en el cuerpo con una sola inyección”, concluyó Deeks.
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