El Golfo Pérsico quiere exportar IA como petróleo, pero tiene un problema de cables
Los países del Golfo Pérsico, liderados por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, están invirtiendo miles de millones de dólares en la creación de centros de datos de gran escala con el objetivo de convertir sus economías, tradicionalmente basadas en el petróleo, en potencias exportadoras de capacidad de procesamiento y servicios de inteligencia artificial (IA). Sin embargo, la ambición de exportar IA se topa con una vulnerabilidad estructural: la dependencia de un reducido número de cables submarinos que atraviesan las vías marítimas más inestables del mundo.

Los cables submarinos transportan alrededor del 95 % del tráfico internacional de datos. En el caso del Golfo Pérsico, la mayor parte de la conectividad con Europa y Estados Unidos depende de unas cuantas rutas que pasan por el Mar Rojo y el estrecho de Ormuz. Cualquier interrupción en estos conductos puede afectar no solo la velocidad de la conexión, sino también la continuidad operativa de los centros de datos que alimentan la IA, poniendo en riesgo los modelos de negocio emergentes de la región.
Desafíos de la infraestructura de cables submarinos
En 2025, dos cables que conectaban Europa con Oriente Medio fueron cortados en el Mar Rojo, provocando una degradación del servicio de internet en todo el Golfo durante varios días y generando pérdidas estimadas en 3.500 millones de dólares. Ese incidente ocurrió antes de que la IA alcanzara su actual nivel de adopción masiva, pero ha demostrado la necesidad de una mayor resiliencia.
Los proveedores de servicios en la nube de gran escala ahora exigen rutas de transmisión independientes, latencia predecible y capacidad de supervivencia durante situaciones de estrés geopolítico. Según Im Atwi, socio de la consultora Strategy & Middle East, la infraestructura de fibra óptica ya no es un lujo, sino un requisito comercial esencial para garantizar la continuidad de los servicios de IA.
Proyectos estratégicos para diversificar la conectividad

- SilkLink: iniciativa liderada por STC Group de Arabia Saudita que pretende reactivar la antigua ruta JI (Yeda‑Amán‑Damasco‑Estambul) con una inversión de 800 millones de dólares.
- WorldLink: consorcio iraquí‑emiratí que planea instalar un cable submarino de 700 millones de dólares que conectará el estrecho de Ormuz con Irak y, a través de enlaces terrestres, con Turquía.
- Corredores terrestres ampliados: planes para establecer estaciones de aterrizaje en el Golfo conectadas por fibra óptica terrestre que atraviesen Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, extendiéndose hacia Jordania y el Levante, y creando rutas alternas que eviten los cuellos de botella marítimos.
Estos proyectos buscan reducir la dependencia de los estrechos corredores marítimos y ofrecer redundancia mediante múltiples rutas físicas. Sin embargo, la implementación de corredores terrestres en zonas como Siria, Irak y Turquía plantea riesgos de interrupciones físicas y requiere estabilidad política.
La conectividad por satélite está ganando interés como complemento de resiliencia, especialmente con constelaciones de órbita terrestre baja, pero su capacidad de ancho de banda y latencia sigue siendo inferior a la de los cables de fibra óptica.
Aunque a corto plazo no es viable reemplazar la inversión en cables submarinos, los países del Golfo están reconociendo que la conectividad transfronteriza es ahora un activo estratégico y una posible vulnerabilidad nacional. Su respuesta a este desafío podría servir de modelo para otras economías que, impulsadas por la IA, necesiten asegurar una infraestructura de datos robusta y diversificada.
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