La columna vertebral invisible: Colombia y la urgencia de renovar la infraestructura submarina
Colombia se ha consolidado como el punto de conexión natural de la región, pero la columna vertebral de su infraestructura digital está llegando al límite. Los cables submarinos que atraviesan el Caribe tienen alrededor de 25 años de operación, lo que hace urgente su renovación para no frenar la competitividad, la inteligencia artificial y el crecimiento económico del país.

Internet es, sin duda, la infraestructura más crítica y a la vez la menos visible en el mundo actual. Para la mayoría de empresas, ciudadanos y gobiernos de América Latina la conectividad internacional simplemente existe: funciona cuando se necesita y sólo se percibe su ausencia cuando falla. Detrás de esa “magia” se encuentran miles de kilómetros de fibra óptica en el fondo del océano, responsables de más del 95 % del tráfico intercontinental de datos. No son satélites ni redes inalámbricas; son cables que enlazan continentes, permiten transacciones en tiempo real y hacen posible que una empresa compita en el entorno digital.
Obsolescencia de la infraestructura submarina
En Colombia, la ventaja geográfica sobre el Caribe —con puntos de aterrizaje en Barranquilla, Cartagena y otros puertos— la ha convertido en el nodo natural de los cables que conectan a Estados Unidos con Sudamérica. Junto a Brasil, el país cuenta con nueve cables activos, lo que lo posiciona como la puerta de entrada de datos más relevante del continente.
Sin embargo, la mayoría de esos sistemas (ARCOS‑1, MAYA‑1, SAM‑1) entraron en servicio entre 2000 y 2001 y hoy superan los 25 años de funcionamiento continuo, el límite de vida útil para el que fueron diseñados. La mayoría de los cables activos en Colombia supera los 15 años y fueron concebidos en una época en la que el streaming era incipiente, la computación en la nube era ciencia ficción y la inteligencia artificial no formaba parte de los planes empresariales.
Mientras tanto, el tráfico de datos sigue en auge. Los accesos de fibra óptica en Colombia crecieron un 20 % en el último año, y la tendencia regional apunta a tasas superiores al 20 % anual. Cada año más empresas trasladan operaciones críticas a la nube; cada trimestre los modelos de IA generan volúmenes de datos sin precedentes. Toda esa demanda recae, en buena parte, sobre cables diseñados para otra era.
Las repercusiones van más allá de lo técnico. Según la UIT, un aumento del 10 % en la penetración de banda ancha fija puede impulsar hasta un 1,5 % el crecimiento del PIB en América Latina. La OCDE, en su revisión sobre conectividad digital de Colombia, señala que la transformación digital es central para el crecimiento económico, la productividad y la inclusión social, y depende de una conectividad de alta calidad, asequible y resiliente.
En otras palabras, la infraestructura digital no es solo un tema del sector de telecomunicaciones; es una condición habilitante para la competitividad del país. Cuando la conectividad pierde calidad, resiliencia o capacidad de expansión, se reduce también el margen para atraer inversión, escalar servicios digitales y mejorar la productividad.
Riesgos y oportunidades

- Degradación gradual de la calidad de los cables, que afecta la latencia y el ancho de banda.
- Mayor vulnerabilidad a fallas inesperadas, con potenciales impactos en sectores críticos como la salud, la educación y la banca.
- Riesgo de perder la posición estratégica de Colombia como hub digital de América Latina frente a competidores que modernicen sus redes.
- Oportunidad de liderar la renovación de la infraestructura, aprovechando el talento y el ecosistema tecnológico nacional.
Colombia compite actualmente por atraer inversión tecnológica global y consolidarse como el hub digital de la región. Esa competencia no se define solo por el talento o la regulación, sino también por la calidad de la infraestructura sobre la que se construyen los negocios digitales.
La obsolescencia no avisa con claridad; se traduce en una degradación gradual que acumula pérdidas de competitividad y genera riesgos cuando el margen de reacción se vuelve mínimo. Los países que invierten en renovar su infraestructura digital antes de que la crisis sea visible son los que mantienen la ventaja. Los que esperan, terminan pagando el costo de la urgencia.
Colombia posee la geografía, el talento y el ecosistema necesarios para liderar la economía digital de América Latina. Sin embargo, gran parte de esa infraestructura tiene ya veinticinco años. La cuestión ya no es si hay que renovarla, sino si el país actuará a tiempo para que esa decisión sea estratégica y no una reacción de emergencia.
Por: Alex Javier Blanco, CEO de LinkMax
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