De fábricas a servidores: la llegada de centros de datos a Querétaro replica promesas de desarrollo incumplidas
En los últimos cinco años Querétaro se ha consolidado como el principal polo de centros de datos de México, albergando al menos 20 instalaciones que representan el 79 % de la capacidad instalada del país. Grandes tecnológicas como Microsoft, Google, Amazon Web Services (AWS) y Oracle han invertido miles de millones de dólares en megaproyectos de hiperescala, y el estado aspira a convertirse en el “Valle de los Data Centers”, emulando el modelo de Silicon Valley.

Promesas de desarrollo y la realidad en las comunidades locales
El impulso oficial se sustenta en la idea de que los centros de datos generarán empleo, desarrollo económico y una mayor digitalización. En noviembre de 2025, la carretera México‑Querétaro se llenó de panorámicos que anunciaban lotes industriales y residenciales, con el mensaje de que la región “está a la venta”. En el parque industrial VYNMSA, los centros de datos de AWS, Microsoft y ODATA reciben la bienvenida bajo el letrero “BUILDING GROWTH TOGETHER”.
Sin embargo, la comunidad de los municipios colindantes denuncia que el crecimiento no beneficia a la mayoría de sus habitantes. La presión sobre el suministro de agua, la escasez de empleos bien remunerados y la falta de infraestructura básica son algunas de las quejas más recurrentes.
Según la Asociación Mexicana de Data Centers (MEXDC), la inversión total en centros de datos en México alcanzará los 18 000 millones de dólares para 2030, y la capacidad instalada en el estado podría llegar a 1 120 MW, según sus proyecciones. El secretario de Desarrollo Sustentable de Querétaro, Marco Antonio del Prete, había señalado en 2025 que la capacidad instalada era de 200 MW, distribuida en unos diez centros, y que se duplicaría en la próxima década.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, anunció en 2025 una inversión de 4 800 millones de dólares de la empresa estadounidense CloudHQ para construir seis centros de datos sobre 52 hectáreas, con una capacidad inicial de 288 MW y potencial de expansión hasta 900 MW, equivalentes a más de cuatro veces la capacidad instalada actual del estado.
En el ámbito laboral, la directora ejecutiva de la MEXDC, Adriana Rivera, estima que el sueldo de un trabajador operativo en un centro de datos ronda los 22 000 pesos mensuales, frente a los 6 000 pesos que perciben los empleados no cualificados. Aun así, la mayoría de la población local no cuenta con la preparación requerida: solo una de cada 25 personas en el municipio de Colón tiene estudios de licenciatura, y la educación técnica en ciencia de datos es todavía limitada.
Norma Angélica Trejo, estudiante de Ingeniería en Ciencia de Datos en la Universidad Tecnológica de Querétaro, sueña con trabajar en empresas como Microsoft o AWS, pero reconoce la falta de oportunidades reales para los jóvenes de su comunidad. Mientras tanto, ejidatarios como Alejandro Jiménez, que cultiva maíz y sorgo en Viborillas, señalan que la industria ha aumentado los precios de la tierra y la escasez de agua, sin ofrecer alternativas laborales suficientes.
El agua es uno de los recursos más tensionados. En septiembre de 2025, activistas locales lograron frenar el proyecto “El Batán”, una megaobras de potabilización de aguas residuales que habría priorizado el suministro a la industria sobre el acceso de la población. Según la académica Teresa García Gasca, la industria de los data centers recibe concesiones de pozos de agua potable mientras las comunidades ven reducida su disponibilidad hídrica.
Las compañías defienden sus prácticas: AWS asegura que sus centros de datos no utilizan agua para enfriamiento, mientras Microsoft afirma que solo emplea agua dos meses al año. Del Prete, por su parte, ha comparado el consumo de agua de los centros de datos con el de un hotel de 200 huéspedes, aunque no ha publicado datos concretos sobre la procedencia y cantidad de agua utilizada.
La falta de transparencia se refleja también en la gestión de terrenos. Se ha documentado la donación de más de 518 000 metros cuadrados a CloudHQ para la construcción de seis centros de datos, y la exención de la evaluación de impacto ambiental que normalmente sería obligatoria para estos proyectos. La información sobre permisos, consumo energético y acuerdos de agua no ha sido puesta a disposición del público.
Los beneficios económicos anunciados por el gobierno estatal contrastan con la realidad local. En 2025, el presupuesto del municipio de Colón, que cuenta con cerca de 68 000 habitantes, ascendió a casi 600 millones de pesos, menos del 1 % de la inversión de AWS en la región. El gobernador Mauricio Kuri informó que el 60 % de las inversiones de sus cuatro años de mandato (20 000 millones de dólares) se dirigieron a centros de datos, pero la población sigue sin contar con mejoras en salud, educación, alcantarillado o carreteras pavimentadas.
Los residentes expresan su frustración. Alejandro Jiménez relata trabajar en una transnacional de productos avícolas por la noche y en su parcela por la mañana, mientras que María Trinid Tapia, exoperaria de una nave industrial, señala que los salarios apenas cubren sus necesidades básicas, obligando a sus hijos a abandonar la escuela para buscar empleo.
En la zona de La Pila, donde no existen centros de datos, la comunidad recibe una torre de purificación de agua patrocinada por Microsoft, pero la escasez hídrica persiste. La denuncia “no es sequía, es saqueo” resume la percepción de los ciudadanos frente a la política estatal que, desde 2022, ha privatizado la operación del agua y drenaje mediante concesiones.
Ante la ausencia de diálogos oficiales, la oposición se ha organizado. Entre marzo y junio de 2025, iniciativas comunitarias en Estados Unidos lograron frenar proyectos de data centers por un valor de 98 000 millones de dólares, y en América Latina, activistas en Chile y Uruguay han presionado a Google para que modifique sus sistemas de enfriamiento y reduzca su huella hídrica.
Las proyecciones a futuro indican que la inversión global en centros de datos podría alcanzar los 7 billones de dólares (7 trillones en la escala anglosajona) para 2030, dependiendo de la disponibilidad de energía eléctrica. En México, la escasez hídrica y la falta de infraestructura energética representan obstáculos críticos para este crecimiento.
Mientras tanto, la población de Querétaro se encuentra en una encrucijada: por un lado, la promesa de un “milagro” económico impulsado por la era digital; por otro, la realidad de la escasez de recursos y la falta de oportunidades locales. La pregunta que persiste es si el desarrollo tecnológico llegará a ser verdaderamente inclusivo o seguirá replicando las promesas incumplidas del pasado.
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