Estas casamenteras de lujo buscan esposas tradicionales para hombres ricos
Blaine Anderson, fundadora y directora del servicio de citas de lujo “Dating by Blaine”, ha revelado en sus redes sociales el perfil de las peticiones que reciben sus clientes millonarios. Entre los casos más llamativos está el de “Daniel”, un empresario de tecnología de unos cuarenta años que, tras vender su compañía, buscaba formar una familia.
Anderson, que solo atiende a hombres y cobra entre 30 000 y 50 000 dólares por sus servicios, le facturó a Daniel 49 000 dólares. Según la casamentera, el cliente presentó una lista de requisitos extremadamente detallada: una mujer más joven, con prioridad en casarse y tener hijos; originaria del Medio Oeste de EE. UU., aunque él mismo no viviera allí; empleada en el sector asistencial pero no médica, para evitar que su carrera eclipsara la vida familiar; y con rasgos físicos específicos, como la inclinación de los ojos y la distancia exacta entre la nariz y el labio superior. A pesar de los esfuerzos de Anderson, Daniel no llegó a encontrar pareja.
Una tendencia creciente entre los clientes adinerados
El caso de Daniel no es aislado. Anderson y otros profesionales del matchmaking indican que cada vez más hombres acuden a sus servicios en busca de mujeres “tradicionales, religiosas y conservadoras”, sin importar sus propias convicciones personales. “Quieren una esposa cristiana, con valores de familia y hogar”, comenta Anderson, quien ha observado en la plataforma X un aumento de solicitudes de hombres no religiosos que buscan este tipo de perfil.
Esta demanda se inscribe dentro de lo que se ha denominado la estética de la “esposa tradicional”. El fenómeno, que ha ganado fuerza desde la reelección de Donald Trump, celebra la maternidad dedicada al hogar, la feminidad de los años 50 y los roles de género clásicos. Influencers como Hannah Neeleman y la modelo Nara Smith promueven este estilo de vida, presentándolo como una alternativa al ritmo acelerado de la vida contemporánea.
En la industria de las citas, la tendencia también se percibe entre jóvenes profesionales de alto rendimiento. Erika Kaplan, vicepresidenta de membresías de la agencia nacional Three Day Rule, que maneja paquetes VIP de entre 25 000 y 100 000 dólares, señala que los hombres de sectores como la banca solicitan parejas que prioricen la maternidad y el hogar sobre la carrera profesional. “Escuchamos términos como ‘fe’, ‘tradicional’ o ‘orientada a la familia’ para describir la vida que imaginan junto a una pareja”, indica.
La preferencia no está limitada a conservadores; en ciudades como Nueva York, Kaplan observa que ejecutivos exitosos, independientemente de su afiliación política, piden mujeres “tradicionales”. Según ella, los cambios en el clima político hacen que los hombres se sientan más cómodos pidiendo parejas con valores afines o basados en la fe, con el objetivo de criar a sus hijos en un entorno homogéneo.
Julie Ferman, casamentera y coach de citas, también ha notado un aumento de solicitudes de hombres que buscan mujeres “femeninas por naturaleza”. Aunque no siempre emplean el término “esposa tradicional”, sus clientes, en su mayoría liberales, rechazan perfiles “mandones o malhumorados” y prefieren mujeres que “respeten, admiren y honren a un hombre”.
Una encuesta reciente del King's College de Londres, realizada a 23 000 personas en todo el mundo, muestra que el 31 % de los hombres de la generación Z está de acuerdo con que una esposa debe obedecer a su marido, y el 33 % cree que ella debe confiar en él para tomar decisiones importantes en el hogar. Los resultados indican que, aunque la preferencia por roles tradicionales no es exclusiva de la generación más joven, sí es más pronunciada entre los millennials y la generación Z.
Un estudio publicado en *Psychology of Women Quarterly* en marzo reveló que los hombres que prefieren una pareja que se quede en casa tienden a mostrar niveles más altos de “sexismo hostil” y resentimiento hacia las mujeres, en comparación con aquellos que no comparten esa preferencia.
Kaplan subraya que, si bien es más frecuente que hombres conservadores soliciten mujeres conservadoras, la demanda trasciende la ideología. Anderson relata el caso de un cliente de Austin, “muy abierto” en sus peticiones, que buscaba una “esposa tradicional, guapa y cristiana” sin que esa preferencia estuviera directamente vinculada a su propia postura política.
Los agentes matrimoniales advierten que, en muchos casos, la visión idealizada de la mujer sumisa no coincide con la realidad del cliente. Anderson describe un episodio en el que, tras encontrar a una mujer que cumplía con los criterios de su cliente de Austin, este la rechazó inmediatamente por su humor sarcástico y modales bruscos. “Le decimos que mejore su comportamiento, o tendremos que buscar a alguien que acepte sus defectos”, comenta.
Otro ejemplo involucra a un empresario de Dallas de cuarenta años que, después de varias citas infructuosas con mujeres jóvenes, conservadoras y cristianas, encontró compatibilidad con una pareja que no encajaba en ese molde. La relación prosperó, demostrando que las expectativas rígidas pueden ser una barrera más que una guía.
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