Las mamás de TikTok usan ChatGPT para aliviar una carga que los hombres siguen sin asumir
En los últimos meses, un número creciente de madres que se han hecho populares en TikTok están recurriendo a la inteligencia artificial, y en particular a ChatGPT, para delegar y simplificar las tareas cotidianas del hogar. Estas creadoras, autodenominadas “momfluencers”, ofrecen tutoriales, venden cursos y comercializan sus propios asistentes personalizados, todo con el objetivo de reducir la carga mental y física que, según datos oficiales, sigue recayendo mayoritariamente sobre las mujeres.
Lilian Schmidt, consultora de marcas suiza, relató cómo, cuando su hija de tres años y medio no lograba conciliar el sueño pese a probar todo tipo de técnicas recomendadas por pediatras y especialistas, acudió a ChatGPT en busca de una solución. El modelo le sugirió ideas poco convencionales, como que la niña mordiera chicle o saltara en una cama elástica antes de acostarse. Para su sorpresa, la niña se quedó dormida en cinco minutos. A partir de ese episodio, Schmidt se convirtió en una ferviente defensora de la IA en la crianza.
El auge de las “momfluencers” de IA
En junio de 2025, Schmidt publicó en TikTok un video titulado “He convertido a ChatGPT en mi coparent” que se volvió viral, acumulando 27 000 seguidores en apenas tres semanas. Con el impulso de su audiencia, lanzó su propio asistente basado en GPT, llamado Coparent, al que cobra 37 dólares por suscripción. Su modelo ha inspirado a otras madres a crear soluciones similares y a ofrecer guías paso a paso para que otras mujeres puedan entrenar sus propios “copadres” digitales.
Este fenómeno se enmarca dentro de una tendencia más amplia: las madres en Estados Unidos dedican, según una encuesta del Departamento de Trabajo de 2022, 13,5 horas semanales más a las tareas domésticas y 12,5 horas más al cuidado de los hijos que sus parejas, cifras que representan un 40 % más de carga que en 1975. Aunque los hombres han incrementado su participación, los datos de Pew Research siguen mostrando que la mayor parte de la responsabilidad doméstica recae en las mujeres.
Las “momfluencers” no solo venden accesos a sus asistentes; también publican videos tutoriales como “The AI Assistant That’s Basically My Mom Brain Now” y “How to Use AI as a Mom”, donde explican cómo la IA puede recordar horarios de vacunas, gestionar listas de compras o incluso generar ideas de actividades creativas para los niños.
Sin embargo, el uso de la IA no está exento de críticas. Estudios de 2025 señalan que las mujeres son un 20 % menos propensas que los hombres a emplear IA generativa en su día a día, una brecha que algunos analistas describen como el “PMS de la IA”: una tendencia a que las herramientas parezcan “pálidas, masculinas y rancias”. Stephanie Leblanc‑Godfrey, fundadora de Mother AI, advierte que la industria de la IA sigue diseñando productos que no consideran las limitaciones de tiempo de las madres, quienes rara vez disponen de momentos libres para experimentar con nuevas tecnologías.
Figuras públicas como Mel Robbins y Reese Witherspoon han promovido la IA como una herramienta de empoderamiento femenino, pero también han recibido reproches por presentar la tecnología como una solución feminista sin abordar sus efectos colaterales. Por su parte, Sarah Dooley, exconsultora de marcas como Visa, fundó la iniciativa “AI‑Empowered Mom” después de usar IA generativa para crear canciones de cepillado de dientes y redactar notas para su niñera. Actualmente asesora a empresas en la capacitación de mujeres para aprovechar la IA, y planea publicar un libro titulado “The AI‑Empowered Family”.
Los detractores resaltan dos riesgos principales: el impacto ambiental de los grandes modelos de IA y la posibilidad de que la automatización genere desempleo en sectores que emplean a un gran número de trabajadores, estimándose que hasta el 15 % de la población activa podría verse afectada. Asimismo, existen preocupaciones sobre la salud mental de los niños, ya que la exposición constante a contenidos generados por IA podría influir en su desarrollo psicológico.
Muchas de las madres entrevistadas coincidieron en que, aunque la IA puede aligerar la carga mental, no elimina la desigualdad estructural que obliga a las mujeres a asumir la mayor parte de las responsabilidades domésticas. Como señala Leblanc‑Godfrey, “estas herramientas se crearon para personas con tiempo libre. Las madres no lo tienen”.
Un aspecto que sigue sin resolverse es la ausencia de los padres en la adopción de estas tecnologías. Schmidt menciona que, aunque recibe correos de hombres interesados en usar IA para facilitar sus tareas domésticas, la mayoría de esas consultas son escasas y privadas, mientras que el público femenino es masivo y abierto. “El patriarcado sigue dictando quién debe encargarse de la organización del hogar”, comenta.
En última instancia, la proliferación de “momfluencers” de IA pone de relieve una cuestión fundamental: ¿por qué la responsabilidad de aprender y aplicar nuevas herramientas para la gestión del hogar recae sobre las mujeres, mientras que los hombres continúan siendo vistos como espectadores? La respuesta parece estar arraigada en normas culturales que persisten a pesar de los avances tecnológicos, y que aún requieren de un debate amplio y políticas que fomenten la corresponsabilidad en el ámbito doméstico.
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